viernes, 9 de junio de 2017

Camino al ocaso

El Estado cubano desarrolla un grupo de programas relacionados con la atención y la asistencia social al adulto mayor. Foto: Javier Acosta Elejalde
El Estado cubano desarrolla un grupo de programas relacionados con la atención
y la asistencia social al adulto mayor. Foto: Javier Acosta Elejalde
Autor: Javier Acosta Elejalde

El avanzado envejecimiento poblacional es un motivo de preocupación para países como Cuba que empieza a padecer la problemática que trae consigo esta situación a la cual se enfrentan cada día profesionales de la salud como los de la clínica de día de geriatría del municipio del Cerro, ubicada en el hospital universitario clínico quirúrgico Doctor Salvador Allende.


Acerca de los cuidados y de la atención social y familiar que merecen las personas de la tercera edad, así como las causas de algunos de sus padecimientos, refiere el especialista en psicología, Carlos Gómez Suárez:

“Uno de los grandes problemas de los ancianos es la soledad diurna. Cuando empezó el Período Especial la familia se centró, fundamentalmente, en la actividad económica, dejando a los mayores solos en casa. En ese estado no tienen con quien conversar.

“A veces se les deja la comida preparada, pero hay quien ni la calienta; sino que se levanta se sirve y retorna a la cama. Al final, esta forma de abandono trae como consecuencia la privación sensorial, el deterioro cognitivo, la depresión, la ansiedad y el insomnio.

“Una seria dificultad es que la sociedad no está preparada para aceptar y convivir con las personas longevas. Esto se observa con frecuencia en la incomprensión de la familia con los abuelos; a partir de la carencia económica y la falta de vivienda, lo cual incide en la mal convivencia de varias generaciones en un mismo espacio.

“A veces los jóvenes no están preparados para lidiar con los ancianos y mucho menos para cuidarlos o entenderlos. Muchas veces se les irrespeta el espacio emocional y físico. También sucede que éstos no toleran a los niños, provocando dificultades inter generacionales, fricciones, conflictos que le hacen sentir incómodos.

“En la actualidad la indisciplina social, por ejemplo, la música excesiva, los ruidos innecesarios quebrantan su paz y tranquilidad afectándoles. Estas personas son de las que más uso hacen de los servicios de salud por los problemas propios de la edad y por tanto invierten mucho en medicamentos.

“Por el gasto que deben hacer y su bajo poder adquisitivo, con frecuencia dejan de alimentarse bien o dedicarle espacio a la recreación, incomunicándose con el resto de las personas, deteriorando su calidad de vida y profundizando la depresión”.

Aunque en La Habana y en el resto del país existen, desde hace años, los Servicios de Atención a la Familia, círculos de abuelos y la Universidad del Adulto Mayor, entre otros logros en favor de la ancianidad no es suficiente, pues la capital cubana es la que más envejecimiento poblacional tiene.

Promover una cultura del envejecimiento con la imbricación de la sociedad y los decisores es el llamado que hace el doctor Francisco Rosel Conde.

Rosel Conde considera que “hay cosas que tenemos que hacer porque ningún país del mundo se puede dar el lujo, con el nivel económico que tenga, de tener a la mayoría de sus ancianos institucionalizados”.

“Al contrario, si bien es cierto que las leyes internacionales de la organización mundial de la salud miden el desarrollo de una nación por el alto envejecimiento, evidentemente, se nos ha ido de las manos el crecimiento poblacional de la tercera edad por delante a las acciones que debemos hacer para tenerlos en óptimas condiciones, desde la familia y la comunidad”.

Por eso, dijo, se habla mucho de la necesidad de promover una cultura del envejecimiento, posible solo con el incondicional apoyo de cada una de las esferas sociales. “Y hay una fortaleza importante que es la existencia de un Programa del Adulto Mayor y la voluntad del Estado cubano de apoyar cuanto lleva implícito este”.

Al entrevistar a algunos de los pacientes de la clínica de geriatría estos mencionaron entre las problemáticas que los aquejan las barreras arquitectónicas y el mal estado de las calles y aceras que dificultan su andar.

Reflejaron también la inexistencia de baños públicos, la demora para tomar ómnibus, pues son pocos los que se detienen en las paradas y ellos no pueden correr. Los transportes públicos tampoco están diseñados para personas con limitaciones de edad, con barandas a alturas adecuadas y suficientes, o peldaños de escalones bajos con rampas de deslizamiento.

A esto, añadió el doctor Conde, la acogida a diario en el centro médico de ancianos con lesiones producto de frenazos. Sugirió que hay acciones para facilitarles el acceso a lugares de recreación como los cines, si estos tuvieran programación en horario de la tarde para que puedan regresar temprano a sus hogares.

Respecto a los medios de comunicación agregó que debieran trabajar en evitar la imagen distorsionada que hay de ellos para lograr en el futuro que estos tengan un mayor sentido de satisfacción y calidad de vida.

Por su parte, Gómez Suárez argumentó que: “Lo cierto es que la geriatría no es de las especialidades más gratas y son pocos los que se forman. No todo el personal de la salud está preparado para atender adultos mayores, ni cuentan con la disposición psicológica, espiritual para atender a este tipo de pacientes que requieren mucha laboriosidad y esfuerzo.

“La calidad de vida igualmente está en que se les oiga, salude, en darles facilidad para llegar a un determinado lugar, entre otras que pasan desapercibidas. Y muchas veces nuestros decisores o personas en una instancia determinada no tienen la geriatrización de los sistemas y de la sociedad para entender las cosas negativas que pasan con el envejecimiento y que hay que trabajar en evitarlo”.

El tránsito humano hacia el ocaso de la vida debiera ser como en la niñez; de la mano familiar y social con amor y desinteresada entrega en retribución hacia quienes nos dieron su tiempo, esfuerzo y dedicación.

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