La entrega en La Habana de los Premios Nacionales de la Academia de Ciencias de Cuba (ACC) correspondientes a 2025 arroja el número más alto desde 1986: 104 resultados reconocidos y más de mil científicos galardonados.
No es un dato menor en un país que, pese a las inmensas carencias materiales de los últimos años, sigue manteniendo una producción científica que, al menos en cantidad y pertinencia, parece no dar tregua. Pero más allá del récord, lo que realmente merece realce es el entramado de significados detrás de las estadísticas.
El discurso del presidente de la ACC, Dr. Luis Velázquez Pérez, durante la ceremonia de premiación que tuvo lugar en esta capital, aportó la primera pista de fondo cuando definió a la comunidad científica como “un ejército que no empuña armas, sino ideas”.
La metáfora cobra fuerza para un país que pese al asedio del Norte, ha elevado la ciencia y la innovación a “fundamento y método permanente de gobierno”. Esa conexión está indisolublemente entrelazada con la máxima del Líder Histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, quien hace 66 años vaticinó que el futuro de este país tenía que ser, necesariamente, un futuro de hombres de ciencia y de pensamiento.
Por ello, los resultados de esta edición de los premios academia, como se le conocen, debemos apreciarlos como una continuidad de aquellos anhelos desde los días de la naciente Revolución, pero también como un intento de anclar la investigación nacional a las urgencias concretas del desarrollo. Y en eso, los números acompañan. Baste saber, por ejemplo, la composición de los equipos premiados: un 37 % de mujeres y un 24 % de jóvenes de 40 años o menos, señal de relevo generacional y de sostenibilidad del sistema científico.
| Infografía tomada de Juventud Técnica |
Además, el hecho de que más de la mitad de los premios hayan sido ejecutados por miembros de la ACC habla de un núcleo duro de investigadores consolidados, pero también de que el resto, casi la otra mitad, está emergiendo con fuerza. La formación de 60 nuevos Doctores en Ciencias, 68 maestrantes y 163 especialistas, junto a la capacitación de 300 cuadros del Estado, sugiere que el conocimiento no se queda en los laboratorios, sino que permea capas de la administración y la docencia.
Sin embargo, lo que da verdadero peso a estos premios es su alineación con los sectores estratégicos del país. No es casual que la producción de alimentos y la soberanía alimentaria encabecen los temas, con trabajos sobre cítricos, arroz, control biológico de plagas y la vacuna PORVAC® contra la peste porcina clásica. Tampoco lo es que la energía y los recursos naturales aparezcan con sistemas fotovoltaicos y materiales para baterías, justo en un momento donde la crisis energética es un dolor de cabeza cotidiano.
La biotecnología, como era de esperar, sigue siendo el caballo de batalla para la generación de divisas y la sustitución de importaciones, con 28 trabajos con potencial exportador y 32 orientados a ese fin. Pero el dato más revelador quizá sea la irrupción de las ciencias sociales y humanísticas con un peso relevante, abordando temas tan diversos como el perfeccionamiento educativo, la igualdad de género, la migración, el racismo y la inclusión. Eso indica que la Academia no concibe el desarrollo solo en términos tecnológicos, sino también como un tejido cultural y social que debe ser pensado críticamente.
La cooperación internacional está presente en el 37 % de los premios, con socios tan diversos como México, España, China, Brasil e incluso Estados Unidos, pero el presidente de la ACC reclamó orientar esas alianzas “con mayor intencionalidad” hacia la generación de tecnología, inversión, patentes y sustitución de importaciones. También mencionó la necesidad de potenciar investigaciones con mayor impacto en el crecimiento económico, fortalecer la seguridad energética y acelerar la transferencia de resultados hacia los servicios.
Como parte de la ceremonia se reconocieron las entidades más destacadas en cuanto a la cantidad de premios alcanzados, entre las cuales figuran la Universidad de La Habana, el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), el Hospital Oftalmológico Ramón Pando Ferrer, el Centro de Inmunología Molecular (CIM), entre otras.
Como en sus ediciones precedentes, los premios de la ACC han dejado constancia de que el camino está trazado y hay inteligencia suficiente para afianzar la producción científica, bajo el precepto de que solo una nación que piensa, investiga e innova puede dar respuesta a los desafíos que enfrenta.