| Domingo Rosillo del Toro. Foto: Tomada de Internat |
Por: Lien Martí
El 17 de mayo de 1913, Cuba fue testigo de una hazaña que marcó un hito en la historia de la aviación mundial. El aviador cubano Domingo Rosillo del Toro realizó el primer vuelo sobre el Estrecho de la Florida, uniendo Cayo Hueso (Key West, Estados Unidos) con La Habana en apenas dos horas y treinta minutos. A bordo de un monoplano Blériot XI, Rosillo se convirtió en el primer piloto en lograr esta proeza, estableciendo un récord mundial de distancia y demostrando que la aviación podía superar fronteras naturales.
La hazaña de Rosillo se produjo en medio de una competencia con otro aviador cubano, Agustín Parlá, quien intentó el cruce días después. El éxito de Rosillo fue celebrado internacionalmente y le valió el nombramiento de Capitán de las Fuerzas Armadas Cubanas, consolidando su lugar en la historia como pionero de la aviación en la isla.
| Tomada de Internat |
El vuelo del 17 de mayo no solo conectó dos ciudades, sino que unió a Cuba con el mundo. Fue el primer cruce aéreo del Estrecho de la Florida, un impulso decisivo para el desarrollo de la aviación nacional y un motivo de orgullo para el pueblo cubano. La hazaña abrió camino a la aviación civil y militar en el país, inspirando a futuras generaciones de pilotos y consolidando a Cuba como protagonista en los inicios de la aviación en América Latina.
El vuelo de Domingo Rosillo no solo conectó destinos, sino que demostró la valentía y visión de un hombre que supo mirar más allá de las fronteras. Su legado sigue siendo símbolo de innovación y orgullo nacional.
La trascendencia de este hecho radica en ser una de las primeras demostraciones de que la aviación podía unir territorios separados por el mar, anticipando el papel estratégico que tendría en el transporte y la comunicación global. La hazaña de Rosillo convirtió a Cuba en referente de la aviación en América Latina y mostró al mundo que la isla estaba preparada para ser parte de los avances tecnológicos de su tiempo. Su vuelo no solo fue un récord, sino un símbolo de progreso, valentía y visión de futuro.