miércoles, 23 de marzo de 2016

Discurso de Obama en Cuba: verdades e incongruencias


Foto: Agencia Cubana de Noticias

Autor: Eduardo González García

 

La alocución del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, dirigida a la sociedad civil cubana, en sentido general, fue positiva para impulsar el acercamiento entre ambos países.



Obama pronunció su discurso ante el presidente Raúl Castro y una amplia representación del pueblo cubano, en el emblemático Gran Teatro Alicia Alonso, de La Habana.

Dijo que vino a Cuba a dejar atrás los últimos vestigios de la Guerra Fría: “Es hora ya de olvidarnos del pasado. ¡Dejemos el pasado! ¡Miremos el futuro! ¡Mirémoslo juntos! Un futuro de esperanza.

“Y no va a ser fácil —advirtió el presidente: va a haber retrocesos, vamos a tardar tiempo, pero mi estadía aquí me da más esperanzas de lo que podemos hacer juntos, como amigos, como familias, como vecinos, juntos…”, y enfatizó, en español: “¡Sí se puede!”

El mandatario señaló las coincidencias históricas y las tradiciones culturales, religiosas, patrióticas y otras que unen a ambos pueblos, y reconoció las profundas diferencias que existen en cuanto a concepciones políticas y económicas.

No mencionó otros grandes contrastes, por ejemplo, entre la gran potencia económica y militar con alto grado de desarrollo, en su mayor parte logrado mediante la imposición por las armas de la explotación de otras muchas naciones, y el pequeño país que, recién liberado del despojo neoliberal, fue sometido, y aun lo está, a más de medio siglo de la más brutal guerra económica, una abrumadora campaña de descrédito y todo tipo de agresiones y sabotajes.

Sin embargo, recordó que se ha logrado restablecer las relaciones diplomáticas e iniciativas para comenzar a trabajar en salud, agricultura, educación, fuerzas del orden, establecer acuerdos para restaurar vuelos directos, servicios de correos, mayores relaciones comerciales y mayor capacidad para que los estadounidenses vengan a Cuba.

Son avances innegables, pero aun muy poco significativos para siquiera comenzar a borrar las diferencias.

Reiteró que la razón del cambio de política hacia este país es que lo que estaban haciendo los Estados Unidos no funcionaba:

“Tenemos que tener la valentía de reconocer la verdad —sentenció– una política de aislamiento diseñada para la Guerra Fría no tiene sentido en el siglo XXI. El embargo hería a los cubanos, en vez de ayudarlos, y siempre pensé en lo que dijo Martin Luther King: la premura feroz de la hora: no tenemos que tener miedo a los cambios, tenemos que acogerlos”.

Obama recordó que insiste en reclamar al Congreso que levante el bloqueo, pero todos sabemos que sus facultades le permitirían ir mucho más lejos, asumiendo “la premura feroz de la hora”.

Aseguró que los EE. UU. no impondrán cambios a Cuba, aunque remarcó las que considera ventajas del sistema sociopolítico de su país y, como siempre, reiteró los propósitos de su política, expuestos con sinceridad desde el principio, y que son fomentar una economía privada la cual, supuestamente, impondría el cambio de régimen que no ha logrado la hostilidad.

Ese es el significado de sus palabras, cuando expresó: “Pero eso hace que yo mencione otra razón para estos cambios —y de nuevo en español– ¡Creo en el pueblo cubano!”

Por cierto, al resumir las diferencias, introdujo engañosas grandes simplificaciones: “Cuba —dijo— tiene un sistema de partido único; Estados Unidos es una democracia multipartidista. Cuba tiene un modelo económico socialista; Estados Unidos uno de mercado abierto. Cuba ha enfatizado el papel y los derechos del Estado; los Estados Unidos fueron fundados en los derechos de la persona individual”.

El Partido Comunista de Cuba no puede ser comparado con ningún partido electoral, mucho menos con alguno de los EE. UU., pues por sus fines, estructura, membresía y mil rasgos más, es algo muy distinto. Además, en la práctica, el sistema electoral de los EE. UU. no es multipartidista, en todo caso, bipartidista, y el ideario político de sus partidos es tan semejante, que el único motivo de que sean dos es la pugna por obtener cargos públicos.

Que Cuba sea socialista, tampoco la hace incompatible con el mercado abierto. La verdadera diferencia está en el tipo de propiedad sobre los medios fundamentales de producción y en el ideal de justicia social que, a propósito, no distingue al capitalismo vigente en los EE. UU.

Tampoco es cierto que Cuba enfatice en los derechos del Estado, sino todo lo contrario, y los EE. UU. quizás “fueron fundados en los derechos de la persona individual”, pero hoy sería más justo decir que reina allí el individualismo.

Dice Obama que nuestros gobiernos están en desacuerdo sobre muchos asuntos, y ejemplifica: “Creo que cada persona debe ser igual ante la ley. Todos los niños merecen la dignidad que viene con la educación y la atención a la salud y comida en la mesa y un techo sobre sus cabezas. Creo que los ciudadanos deben tener la libertad de decir lo que piensan sin miedo de organizarse y criticar a su gobierno, y de protestar pacíficamente(1); y que el estado de derecho no debe incluir detenciones arbitrarias de las personas que ejercen esos derechos. Creo que cada persona debe tener la libertad de practicar su religión en paz y en público(2). Y, sí, creo que los electores deben poder elegir a sus gobiernos en elecciones libres y democráticas(3). (…) Pero yo creo que los derechos humanos son universales. Creo que son los derechos del pueblo estadounidense, del pueblo de Cuba, y de las personas en todo el mundo”.

Y nosotros podemos decirle: ¿No son esos, en esencia, los principios que Cuba defiende y practica? ¿No son esas carencias para la mayoría de los norteamericanos?

Hemos mencionado solo algunas incongruencias en el discurso de Obama que, sin embargo, no deben extrañarnos, pues él está obligado a defender un sistema con muy pocos argumentos válidos para hacerlo.

Incongruencias que no ensombrecen el significado positivo de su visita, tanto para él (pues consagra el mayor legado de su gestión), como para Cuba y, en cierta medida, para la región y hasta para el mundo (por el mensaje de paz que implica).

Y también dijo muchas verdades, como que vamos a seguir teniendo diferencias, pero estamos en una nueva era.

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(1) Constitución de la República de Cuba. Artículo 63. Todo ciudadano tiene derecho a dirigir quejas y peticiones a las autoridades y a recibir la atención o respuestas pertinentes y en plazo adecuado, conforme a la ley. (N.E.)

(2) Constitución de la República de Cuba. Artículo 8. El Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa. En la República de Cuba, las instituciones religiosas están separadas del Estado. Las distintas creencias y religiones gozan de igual consideración. (N.E.)

(3) Constitución de la República de Cuba. Artículo 131. Todos los ciudadanos, con capacidad legal para ello, tienen derecho a intervenir en la dirección del Estado, bien directamente o por intermedio de sus representantes elegidos para integrar los órganos del Poder Popular, y a participar, con este propósito, en la forma prevista en la ley, en elecciones periódicas y referendos populares, que serán de voto libre, igual y secreto. Cada elector tiene derecho a un solo voto. 
Constitución de la República de Cuba. Artículo 132. Tienen derecho al voto todos los cubanos, hombres y mujeres, mayores de dieciséis años de edad, excepto:
1. los incapacitados mentales, previa declaración judicial de su incapacidad;
2. los inhabilitados judicialmente por causa de delito.
Constitución de la República de Cuba. Artículo 133. Tienen derecho a ser elegidos los ciudadanos cubanos, hombres o mujeres, que se hallen en el pleno goce de sus derechos políticos. (N.E)


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