Por: María Karla Fernández Mustelier
La llegada del verano, con sus habituales precipitaciones, el acumulo de aguas estancadas y desechos sólidos trae consigo la aparición de mosquitos, gegenes y otros vectores que transmiten enfermedades como el dengue. Pero en esta ocasión, el escenario es más complejo. Como ha alertado la viceministra de Salud Pública, doctora Carilda Peña, en nuestro país circulan actualmente cuatro prototipos de arbovirosis dengue, chikungunya, oropouche y otras arvobirocis lo que exige redoblar la mirada y la acción en cada comunidad.
El Ministerio de Salud Pública (MINSAP) mantiene activados todos los sistemas de vigilancia en fronteras, aeropuertos, puertos y la atención primaria, consciente de que en el mundo han resurgido amenazas como la fiebre amarilla, brotes de ébola en África y el preocupante hantavirus. Hasta el momento en Cuba no se ha detectado el roedor vector principal de este último virus. Sin embargo, la experiencia nos enseña que la prevención es la única vacuna colectiva.
El llamado de la viceministra es claro y oportuno: la familia cubana debe ser el primer eslabón de esta cadena defensiva. Abatizar los tanques y recipientes que almacenan agua, mantenerlos tapados, eliminar vertederos de desechos sólidos y acudir al médico ante cualquier evento febril son acciones sencillas pero vitales. El sistema de salud está preparado, sus profesionales en cada consultorio y policlínico están en alerta, pero la batalla se gana desde los hogares.
