Cuba se abre al mundo y Estados Unidos queda fuera

Foto tomada del sitio web del periódico La Demajagua.

Por: Leonel José Pérez Peña

Muchos de allá y otros de aquí adentro, cuando se están quedando sin argumentos para calificar a Cuba de Estado fallido, todo lo satanizan. Como un gran coro, muy bien afinado, gritan: "¡Eso es más de lo mismo, lo que tiene que hacer ese régimen totalitario y comunista es dejar a Cuba libre!".

¿Para qué? Para que Estados Unidos (EE.UU.) la vuelva a esclavizar como semicolonia, desde principios del siglo XX hasta 1959, y ahora no sabremos cómo nombrarla; pero igual, nada bueno de ellos, ni separados, vendrá.

Es innegable, como ha dicho Ricardo Ronquillo Bello, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), que "si algo debemos admitir es que desde el VI Congreso del máximo ente político del país hasta en estas duras horas, muy duras por cierto, y de prueba para el pueblo cubano y su proyecto histórico de independencia y libertad con justicia social, no admitíamos la magnitud real de nuestras deformaciones estructurales y el alcance altamente corrosivo del purgante que debíamos ingerir como sociedad, ya no solo frente a las deformaciones internas, sino además ante la criminalidad, amplitud y magnitud del aislamiento que impone hoy el cerco genocida externo".

A la mira de las actuales complejidades del mundo en que vivimos y ante la necesidad de sobrevivir ante tanta presión externa, el conjunto de los 23 ejes temáticos y las 176 medidas para avanzar en lo económico y social no es un simple paquetazo, sino que desde hace mucho estaba en debate. Nadie puede crear un proyecto también fundamentado en solo una jornada, y a ese aspecto, añadirle que en la Isla el poder es colegiado.

Lo cierto es que estas acciones, que no son un bandazo, intrínsecamente traen la aspiración de hacer producir la tierra y echar a andar la economía, y aunque sea una respuesta a las presiones externas, no es una respuesta inclusivamente a ellas. Es una necesidad para lograr el desarrollo, con la justicia y la prosperidad social.

¿Qué opina EE.UU.? La respuesta nos viene de Ricardo Alemán, miembro del grupo Cubanos en Miami, y su post titulado Cuando el diálogo es una trampa más.

Y asegura: "No hubo tiempo para evaluar, para dialogar, para explorar si estas 176 medidas podían significar un cambio en la correlación de fuerzas". La respuesta fue automática. Cinco entidades estatales sancionadas, tres de ellas vinculadas a GAESA, dos relacionadas con la minería y la metalurgia, y una familiar del General de Ejército Raúl Castro Ruz incluida en la lista negra. 

La secuencia revela que mientras el país intenta —con todos los errores y contradicciones que se quieran señalar— reconfigurar nuestro modelo económico para sortear la asfixia, Washington responde apretando aún más el torniquete. No es una respuesta a la realidad cubana. Es la confirmación de una tesis que los años han ido consolidando, y es que Estados Unidos no tiene ningún interés en una transformación económica de Cuba que no pase por la rendición incondicional.

Con estas contradicciones cubano-americana, la ventaja para el cubano de a pie llegará más temprano que tarde a través de los BRICS. Si esta organización ofrece muchas posibilidades para el desarrollo que Cuba necesita como máximos endógenos, con los cuales EE.UU. quedará fuera. Sí, Cuba se abre al mundo, como pidió el Papa Francisco, pero el imperio por su tosudez quedará fuera.

Para poder estar tienen que eliminar el bloqueo y el gran enjedro que es la llamada Ley Helms-Burton, que es una legislación estadounidense que continúa y refuerza el embargo norteamericano a la mayor de las Antillas.

YER

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