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| Obra del Museo municipal de Imías 11 de abril en Guantánamo. Foto: Escambray |
Por: Liliam López Cruz
El 11 de abril de 1895, bajo la oscuridad de la noche y el rugir del mar, José Martí y Máximo Gómez, junto a otros patriotas, tocaron tierra cubana por la playita de Cajobabo, en la actual provincia de Guantánamo.
Aquel desembarco, cargado de simbolismo y riesgo, marcó el inicio de la etapa definitiva de la Guerra de Independencia de 1895, conocida como la Guerra Necesaria.
El hecho trascendió como un acto de fe y compromiso absoluto con la libertad de Cuba. Martí, el Apóstol Nacional, venía a unir pensamiento y acción, a encarnar en la manigua los ideales que había defendido en el exilio. Gómez, el Generalísimo, aportaba su experiencia militar y su prestigio como estratega de la independencia. Juntos, representaban la fusión de la palabra y la espada, de la visión política y la fuerza combativa.
La historiografía cubana recuerda que el desembarco fue arduo: las olas golpeaban con violencia, la costa era inhóspita y el peligro de ser descubiertos por las tropas coloniales era constante.
Sin embargo, la voluntad de aquellos seis hombres prevaleció. Desde ese instante, la lucha adquirió un nuevo impulso, con la dirección política y militar en suelo patrio.
El desembarco de Cajobabo no fue solo un episodio militar, sino un acto fundacional de la nación cubana moderna, donde pensamiento y acción se fundieron en la gesta libertaria.
Hoy, al conmemorar su 131 aniversario, se reafirma la vigencia del ideario martiano y la continuidad histórica de la lucha por la soberanía y la justicia social.
