Avanzan habaneros hacia movilidad eléctrica como alternativa ante escasez de combustible

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Por: María Karla Fernández Mustelier

En medio de un contexto marcado por las limitaciones en el acceso al combustible, el ingenio popular vuelve a ser protagonista en las calles de La Habana. Ante la reducción de la disponibilidad de gasolina, un número creciente de capitalinos han encontrado en la movilidad eléctrica una respuesta eficaz y sostenible para mantener el ritmo de la vida cotidiana y productiva de la ciudad.

Lo que hasta hace algún tiempo era una opción minoritaria, hoy se ha convertido en una estampa cotidiana del paisaje habanero. Motos, triciclos y otros vehículos de tracción eléctrica recorren a diario avenidas y barrios. Estos medios no solo permiten el traslado de personas en distancias cortas, sino que se han integrado a la dinámica económica de la urbe, facilitando el transporte de mercancías y ofreciendo servicios de taxi en zonas donde el transporte convencional se ha visto afectado.

Es particularmente significativo el caso de aquellos trabajadores del transporte que, lejos de rendirse ante la escasez de combustible, han realizado un esfuerzo inversionista para transformar sus medios de vida. 

La sustitución de automóviles clásicos, de alto consumo, por triciclos eléctricos es un ejemplo elocuente de la voluntad de seguir produciendo y sirviendo a la comunidad. Aunque requieren una inversión inicial y un mantenimiento cuidadoso de sus baterías, los propios conductores reconocen que, a la larga, estos vehículos resultan mucho más económicos y permiten sostener los ingresos familiares sin depender de la gasolina.

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Esta transición hacia un parque móvil más limpio y eficiente no es un fenómeno aislado, sino que se inscribe en un proceso más amplio de transformación de la movilidad urbana. La necesidad, en este caso, ha actuado como un catalizador para adoptar alternativas que resultan más sostenibles y accesibles para nuestras ciudades. Desde los centros de servicios hasta las comunidades más intrincadas, los triciclos eléctricos ya tejen una red de conexiones que mantiene viva la capital.


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