El latido de la patria: Nuestra Soberanía


Por: Cáliz Moré Leal 

Un día antes de su fatídica muerte José Martí le escribe a Manuel Mercado… “ ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber—puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo—de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

A 131 años de aquel designio martiano el gigante de las siete leguas insiste en su propósito intervencionista, con el objetivo de alcanzar metas geopolíticas. 

Las modalidades de intervención incluyen guerras abiertas, invasiones militares para derrocar gobiernos considerados incómodos, ocupaciones, neocolonialismo, financiamiento de opositores —incluso armados—, operaciones de falsa bandera, apoyo a dictaduras y manipulación de organismos multilaterales para justificar acciones injerencistas. 

Este patrón ha sido parte integral del expansionismo estadounidense en la región, al que se enfrentó Martí quien durante años no se limitó a recolectar fondos o a buscar apoyos militares, sino a una tarea de persuasión, de diálogo, de convencimiento en Tampa, Cayo Hueso, Nueva York, en las capitales de América Latina, donde tendió puentes entre hombres, recordándoles que tenían una patria común que los necesitaba unidos.

La guerra que Martí concebía no era, una contienda convencional. Él mismo la llamó “guerra necesaria”.

Necesaria explicaba, porque todos los caminos pacíficos habían sido agotados sin resultado. 

Necesaria, porque solo mediante ella podría Cuba evitar un destino peor: la anexión a Estados Unidos, que él veía avecinarse con mirada profética.

Pero necesaria, sobre todo, porque la independencia no podía ser un regalo de nadie, ni de España ni de ninguna otra potencia, sino una conquista del esfuerzo propio. 

Decía Martí “La libertad, para ser auténtica, debía nacer del sacrificio compartido”. 

Como Delegado del Partido Revolucionario Cubano, firmó la orden de alzamiento el 29 de enero de mil 895 en Nueva York y la dirigió a Juan Gualberto Gómez quien escogió la fecha del 24 de febrero. 

La acción comenzó con un levantamiento simultáneo en varios territorios de la Isla, aunque se conoce fundamentalmente por el denominado Grito de Baire. 

Al recordar aquella fecha del 24 de febrero de 1895, en tiempos de guerra mediática, económica y subversiva el llamado de unidad de Martí resuena con fuerza inusitada, recordándonos que solo unidos, por encima de diferencias legítimas, podremos construir la patria que él soñó y que se defiende: “con todos y para el bien de todos”.



Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente