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| La amenaza de un nuevo y más férreo bloqueo contra Cuba es un acto de agresión desestabilizadora para toda la región |
Por: MarÃa Karla Fernández Mustelier
En un nuevo capÃtulo de la polÃtica de hostilidad y máxima presión contra naciones soberanas, circulan informaciones alarmantes desde Washington sobre la posible imposición de un bloqueo total a las importaciones de petróleo de Cuba. Esta medida, si se confirma, representarÃa una escalada sin precedentes en el asfixiante cerco económico que por décadas ha sufrido el pueblo cubano, y una violación flagrante del Derecho Internacional.
Desde Moscú ha llegado una respuesta clara y firme. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, se refirió a estos reportes publicados inicialmente por el medio PolÃtico calificándolos de “información preocupante”. En sus declaraciones, Peskov no solo expresó la solidaridad de Rusia, sino que destacó la determinación de la Isla: “Sabemos que nuestros camaradas cubanos están decididos a defender sus intereses, a defender su independencia”.
El vocero aprovechó para reafirmar la solidez de los lazos bilaterales: “Y también valoramos mucho nuestras relaciones bilaterales especiales con Cuba”. Una alianza estratégica y de hermandad que ha resistido la prueba del tiempo y la presión externa.
Este preocupante guion no es nuevo. La Administración estadounidense ya ha ejecutado una polÃtica similar de agresión económica y desestabilización contra Venezuela, incluyendo el reciente y condenable secuestro de su presidente legÃtimo, Nicolás Maduro. Acciones que fueron repudiadas de manera unánime por la comunidad internacional y, de manera enérgica, por la Federación Rusa, que defendió el derecho de los pueblos a decidir su destino sin interferencias foráneas.
La posible extensión de este criminal método de guerra no convencional a Cuba revela la persistencia de una doctrina imperial fracasada. En lugar de aceptar y respetar la diversidad de proyectos polÃticos y sociales, ciertos sectores en el poder norteamericano insisten en el castigo colectivo, el hambre y la penuria como herramientas de subversión.
Frente a esto, la postura rusa se alza con principios claros: respeto a la soberanÃa, condena al unilateralismo coercitivo y apoyo al derecho internacional. La solidaridad con Cuba y Venezuela es un pilar de esta polÃtica exterior.
El mundo observa. La amenaza de un nuevo y más férreo bloqueo contra Cuba es un acto de agresión desestabilizadora para toda la región. Como bien señaló Moscú, la respuesta debe ser la unidad, la firmeza en la defensa de la independencia y el rechazo global a estas prácticas hegemónicas. Cuba no está sola, y su lucha por existir y desarrollarse en paz, libre de bloqueos y amenazas, es la lucha de todos los pueblos que creen en un mundo multipolar y justo.
