Agricultura urbana, sostenibilidad y desafíos ganaderos marcan la agenda del campo habanero en 2025

El año cerró con una visión más clara sobre la necesidad de transformar el modelo agrícola cubano. Foto tomada del sitio web del periódico Granma.

Por: Lien Martí Rodríguez

Durante el año 2025, el Ministerio de la Agricultura (MINAG) de Cuba intensificó sus esfuerzos por transformar el sistema agroalimentario nacional, con énfasis en la producción local, la sostenibilidad y la resiliencia frente a las limitaciones económicas. 

En La Habana, estos esfuerzos se tradujeron en una apuesta decidida por el autoabastecimiento municipal, la agricultura urbana y suburbana, y la reorganización de los sistemas productivos en función de las necesidades alimentarias de la población capitalina.

Uno de los pilares de la estrategia fue el fortalecimiento del autoabastecimiento territorial, con la meta de que cada territorio cubriera al menos el 30% de sus necesidades alimentarias básicas. En la urbe, esto implicó la recuperación de patios, parcelas, organopónicos y huertos intensivos, así como el fomento de la producción de hortalizas, frutas, viandas y plantas medicinales. 

Se promovieron prácticas agroecológicas como parte de una política nacional respaldada por el Decreto 128, que estableció un sistema de certificación participativa para garantizar la sostenibilidad de los métodos de cultivo y reducir la dependencia de insumos importados.

Sin embargo, la situación de la ganadería continuó siendo uno de los puntos más críticos del sector agropecuario. La producción de leche y carne bovina en la ciudad y sus alrededores se mantuvo por debajo de los niveles planificados, afectada por la escasez de piensos, la falta de agua, el deterioro de la infraestructura pecuaria y la pérdida de animales por enfermedades y desnutrición. 

A pesar de los esfuerzos por mejorar la genética del rebaño y reactivar la producción de pastos y forrajes, los resultados fueron limitados, lo que impactó negativamente en el abastecimiento de productos cárnicos y lácteos en los mercados locales.

El MINAG también impulsó la reorganización de las empresas agropecuarias y cooperativas, buscando mayor eficiencia en la gestión de recursos, la comercialización directa y la reducción de pérdidas poscosecha. En La Habana, se reforzaron los vínculos con las provincias productoras cercanas, como Mayabeque y Artemisa, para garantizar el suministro de alimentos a través de mecanismos más ágiles y menos burocráticos.

A pesar de los avances en la implementación de políticas agroecológicas y en la reactivación de espacios productivos urbanos, las autoridades reconocieron que persisten desafíos estructurales profundos: baja productividad, envejecimiento de la fuerza laboral agrícola, escasez de insumos y dificultades logísticas. 

No obstante, el año cerró con una visión más clara sobre la necesidad de transformar el modelo agrícola cubano hacia uno más descentralizado, sostenible y adaptado a las condiciones reales del país.

LLHM

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