La noble causa de ser maestro

 

Foto: Radio Rebelde

Por David Hidalgo Illarramendi 

Sembrar conocimientos, hacer florecer los valores en las nuevas generaciones, formarlas y prepararlas para la vida con el único propósito de convertir el mundo un lugar mejor, es la causa noble que hoy significa ser maestro. Cuba se siente agradecida y debe a ellos el esplendor de la Campaña de Alfabetización, y otras grandes hazañas que han contribuido a desarrollar la obra de la Revolución. 

En el marco de celebrarse este 22 de diciembre el Día del Educador Cubano, la docente Iraida Illarramendi Ojeda, compartió con la emisora COCO sus más de 30 años de experiencias y vivencias en el magisterio.

“Durante mis años de trabajo con adolescentes y jóvenes de la enseñanza Secundaria Básica y Preuniversitaria he tenido muchos momentos de alegría al ver como los estudiantes responden a las actividades, entienden los contenidos, vencen los exámenes y escogen las carreras que desean estudiar. 

“Es muy bonito darse cuenta que he influido en ellos y haberlos ayudado a cumplir ese objetivo, eso me convierte en parte de su futuro también. De igual forma, me hace feliz que me recuerden después de 10 o 15 años y que me saluden con afecto. Asimismo, es muy gratificante ver que, esos alumnos de ayer, hoy son mis compañeros de trabajo, o incluso, cuadros importantes.

“No obstante, algún estudiante puede tomar un camino incorrecto, y en ese caso, me queda la sensación de tristeza de no haber hecho lo suficiente por ese alumno y qué más hubiera podido hacer por él o por su familia.”

El contexto actual de nuestro país impone nuevos y más grandes retos a sus educadores, quienes tienen en sus manos la educación y la cultura de todo un pueblo, como lo expresa la profesora.

“El papel del maestro es fundamental en cualquier sociedad. No sería posible el desarrollo si no existieran los maestros, ya que ellos son los encargados de formar médicos, ingenieros, técnicos y otros profesionales preparados, capaces de pensar, razonar y transmitir no solo conocimientos, también experiencias de vidas, a partir de la responsabilidad de sostener la formación del pueblo a través de la cultura, los principios y la manera de encarar la vida en cualquier momento. 

“Los educadores por su conducta en el lugar de residencia y en la familia, así como por la preparación política que requieren el tiempo en que vivimos, deben ser ejemplo de referencia para niños, adolescentes y jóvenes. Además, debe vivir con protagonismo todos los procesos sociales que se desarrollan en el país.”

Según Illarramendi Ojeda, el rol de los educadores va más allá de enseñar. También se trata de intercambiar con los alumnos, motivarlos, hacerse parte de sus vidas, aprender de ellos y de una forma u otra, encontrarse reflejado en cada paso que da la nueva generación.

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“Disfruto compartir con mis alumnos, aprendo mucho de ellos, de cómo piensan y de la forma que tienen de ver la vida. Me hacen escuchar su música, comprender la moda actual, me explican y me enseñan a manipular las nuevas tecnologías; eso me rejuvenece y me ayuda.

“Por mi parte, me intereso en lo que ellos desean ser y en los problemas que afrontan para encontrar el mejor modo de ayudarlos y encaminarlos. Además, mis estudiantes me motivan a estudiar, investigar y prepararme. La educación es un proceso de retroalimentación y entrega constante”, concluyó diciendo.

AMC

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