miércoles, 25 de mayo de 2016

Pepe Ordaz, a guitarra limpia en el Patio de las Yagrumas


El Patio de las Yagrumas. Foto: La Jiribilla
Autor: Gilberto González García

El espacio A guitarra limpia, que se ofrece en el centro cultural Pablo de la Torriente Brau, tendrá como invitado al trovador Pepe Ordaz, este sábado 28 de mayo, a partir de las 6:00 p.m. (18:00 hora de Cuba), en el Patio de las Yagrumas de esa institución, ubicada en la calle Muralla, número 63, entre Oficios e Inquisidor, en La Habana Vieja.


El espacio tiene en su registro, desde su fundación, más de 130 conciertos, según comentó el poeta, cineasta, narrador y periodista Víctor Casaus, director del centro.

Entre los artistas que han mostrado su valía en el Patio de las Yagrumas, cabe destacar a Augusto Blanca, Vicente Feliú, Carlos Tato Ayress, Pancho Amat, José Manuel Ordás, Annie Garcés y el dúo Iris, cuya participación se espera en esta tarde de cuerda y voces.

Pepe Ordaz. Foto: Juventud Rebelde
La presencia de esos cantantes es suficiente para demostrar que el plato fuerte del espacio es la trova, en especial el movimiento denominado Nueva Trova, una original forma de pensar y de decir, impulsada por los aires de renovación que inundaron a Cuba a partir del primero de enero de 1959 y que también hicieron posible el desarrollo de un pujante movimiento artístico, apoyado por el surgimiento de instituciones culturales como el centro Pablo, que este 2016 cumple su vigésimo aniversario.  

La celebración de este acontecimiento continuará durante todo lo que queda del año, “sobre todo para reconocer y agradecer la presencia de tantos artistas talentosos que han creado, animado y sostenido, los programas culturales que el centro desarrolla, a golpes de imaginación y esfuerzo, con el apoyo solidario de personas e instituciones amigas”, continúa comentando Víctor Casaus.

Pero este sábado, para beneplácito de quienes aman la trova, le corresponde hacer los honores a Pepe, quien presentará su concierto titulado De donde viene el amor en un escenario marcado por la naturaleza como un oasis en medio de un desierto de mampostería, en el que conviven la guitarra, la poesía y la canción.

Allí los espera entonces este trovador “talentoso, servicial, buen amigo, con una modestia que le hace mirar para otro lado cuando le hablan de la importancia de su trabajo artístico”, como lo describe el profesor Guillermo Rodríguez Rivera, declarado adicto incurable de la trova.

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