martes, 30 de septiembre de 2014

El 30 de septiembre sí entró en la historia de Cuba

Rafael Trejo
Autora: Teresa Valenzuela

La fecha del 30 de septiembre de 1930 se distingue en las luchas revolucionarias del pueblo cubano. Ese día el joven estudiante universitario Rafael Trejo González fue abatido a balazos en el parque Eloy Alfaro, luego de librar junto a sus compañeros universitarios una jornada que desde entonces se califica de epopeya.

Pocas horas después de ser herido, falleció en el hospital conocido como Emergencias, La Habana, donde fueron conducidos, también en estado de gravedad Isidro Figueroa y el revolucionario internacionalista Pablo de la Torriente Brau.

Rafael Trejo González
nació el 9 de septiembre de 1910, en San Antonio de los Baños, actual provincia de Artemisa. Su madre, Adela González Díaz, ejercía como maestra rural. Su padre, tabaquero devenido Doctor en Derecho, laboraba como funcionario municipal en el ayuntamiento de la localidad.

Patriota representativo del Municipio Diez de Octubre, Trejo era todo un deportista que se destacó como remero y jugador de ajedrez.

En 1919 su familia se mudó para la capitalina barriada de la Víbora. Afirman quienes lo conocieron que era un  joven estudioso, apasionado por la lectura, conversador de aguda sensibilidad, inteligente, comprensivo, trataba de interpretar el quehacer nacional muy movido a la sazón, pues se producían frecuentes los Consejos de Disciplina con expulsión de los estudiantes de la Universidad, privados de continuar sus estudios.

Lo recuerdan alto, de tórax y espalda ancha, de extremidades largas y cuerpo flexible, su presencia se hacía notar en su semblante expresivo y muy trigueño, cabello y bigote negrísimo, ojos grandes y profundos, y un andar sereno y majestuoso, de hombre seguro de sí mismo.

En 1927 matriculó la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, donde conoció a Raúl Roa. Desde entonces nació entre ellos una gran amistad. “Voy a matricularme en Derecho público y en Derecho Civil. Creo que he cogido la carrera más acorde con mi vocación y temperamento. Desde hace muchas noches sueño con el estrado; pero no creas que mi aspiración es hacerme rico a expensas del prójimo -le confesó al amigo-.

En la Universidad se vincula a los hechos que protagonizaba el estudiantado en contra de la tiranía de Machado, por el reconocimiento de la autonomía universitaria y llevar adelante el plan de reformas y depuración del profesorado propuesto por Julio Antonio Mella.

“Mi ideal es poder defender algún día a los pobres y los perseguidos. Mi toga estará siempre al servicio de la justicia. También aspiro a ser útil a Cuba. Estoy dispuesto a sacrificarlo todo por verla como quiso Martí”.
En 1930 arrecia la lucha contra el tirano, por lo que junto a otros estudiantes desaparece la tarja de la Escuela de Derecho que glorificaba al régimen. En las elecciones universitarias de ese año sale electo vice presidente de la Asociación de Estudiantes de esa institución. Desde ahí canaliza las aspiraciones de la masa estudiantil y conspira contra el tirano.

Cuentan residentes en las casas aledañas a la Universidad de La Habana que el 30 de septiembre de 1930, con  derroche de valentía e intrepidez los jóvenes arremetieron a gritos contra el dictador Gerardo Machado.

Crónicas de la época cuentan también que la manifestación bajó la escalinata y la policía cargó violentamente contra ella; una confusión se produjo en la esquina de San Lázaro e Infanta. Cae herido Pablo de la Torriente Brau, utilizando como única arma sus puños, y al ir a auxiliarlo Marinello es detenido.

Trejo lanzando piedras junto al revolucionario Pepelín Leyva desde una azotea. Luego los dos en el torrente que bajó por San Lázaro. Pablo, con Pepelín, defendiendo a puñetazos el avance de la marcha. Confusión, ira indescriptible se produjo en la esquina de Infanta y San Lázaro. Pablo cayendo de un golpetazo en la cabeza y Trejo fue herido de bala en un cuerpo a cuerpo con un policía.

Fue sometido a una riesgosa operación. Falleció a las 9: 50 de la noche hora local. Se convertía  así en la víctima necesaria como él mismo dijera. El entierro fue el día 2 de octubre a las cinco de la tarde, y fue acompañado por una multitud de estudiantes y pueblo que coreaban consignas anti-machadistas.

El día de su muerte, agarró su sombrero de pajilla pintado de aluminio en apoyo a la huelga de los sombrereros, y le colocó la hoja correspondiente a ese día, arrancada de un almanaque grande que colgaba en la pared. Y dijo: “Te voy a poner aquí, porque tú, 30 de septiembre, vas a entrar en la historia de Cuba”. Y así fue.

Ese día cada año el estudiantado cubano rinde homenaje a Rafael Trejo. Veinte años de edad tenía cuando entregó  su vida a la patria. Tiempo que le valió para devenir gigante de su pueblo al que tanto amó.

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