Por: Ángel Ferrás Machado
El colega Pavel Otero recientemente abordó en las redes sociales un tópico, que aunque parezca sencillo no lo es y motivó este punto de vista. Se trata del hecho de arribar a las sedes de las competencias de béisbol horas antes de iniciar el certamen previsto.
Ello no solo ocurre con la pelota, también acontece lo mismo con la mayoría de las disciplinas deportivas.
Pero en esta oportunidad centraré tal visión periodística en nuestro pasatiempo nacional, por lo que representa este para millones de cubanos residentes o no en el país, pero que aman y siguen la pelota de su nación de origen y aprovechando el contexto de los malos resultados de Cuba desde hace un largo periplo en justas internacionales.
El asunto en cuestión limita mucho las aspiraciones de alcanzar un buen desempeño. Al llegar los representantes al evento con el reloj en contra, esto atenta contra la integralidad técnica y táctica de un plantel antillano en cualquier categoría.
Lo expresado antes afecta a todo el conjunto, pues el colectivo de dirección debe evaluar previo al inicio de la competencia las estrategias a poner en práctica ante cada rival y para ello es necesario observar en los desafíos previos o de preparación colectiva a sus discípulos y de aparecer alguna posibilidad, estudiar al mayor número de contrarios posibles. Allí, mirándolos en el terreno de juego.
A lo anterior sumarle el descanso recomendado tras una travesía, lo cual resulta preciso, unido a la adaptación de la instalación deportiva, donde tendrá lugar el certamen.
Son disímiles los aspectos que cuando se unen dejan un banco de problemas que cuestan victorias y tras no lograrlas vienen los análisis correspondientes con la dirección del equipo y los malos momentos que sufre el pelotero, debido a un error al campo o el batazo que no llegó a la hora buena.
Ojalá y lo comentado no suceda con el equipo cubano sub-23 años, que próximamente entrará en acción con un habanero al frente, Guillermo Carmona, y varios jugadores de la capital cubana en el roster.
A las cosas se le llaman por su nombre y decirlas como son en tiempos donde el béisbol decae, por lo tanto urgen acciones concretas. Hay que planificar mejor, pues con esto se estará contribuyendo al propósito de alcanzar buenos desempeños.
La cuestión de llegar a los eventos internacionales contrarreloj es un mal que se agudiza en tiempos de revivir nuestro deporte nacional.
Próximamente vuelvo en nuestro blog con el tópico en cuestión, pero en la cercana ocasión comentaré acerca del avituallamiento tardío en los equipos de béisbol, una realidad también reiterada en nuestra pelota.
