La resistencia de la profe Lola, más allá de los circuitos electrónicos

Con 45 años frente a las pizarras del habanero Instituto Politécnico Urbano Osvaldo Herrera, la querida académica ha formado generaciones bajo la filosofía de saber estar a tono con los intereses del universo juvenil. 

Foto: enviada por la autora/Imagen generada con IA.

Por: Lissette Martín López

Una mujer esbelta, de cuidadosa dicción y adueñada de hermosas vivencias y reflexiones, convirtió la larga espera en una cola bancaria -cinco horas para más señas- en la razón de estas líneas.

Se llama Dolores (no pregunté sus apellidos), pero es la profe Lola del Instituto Politécnico Urbano Osvaldo Herrera, un centro de referencia ubicado en el habanero municipio Plaza de la Revolución, especializado en la enseñanza de la electrónica.

Allí, entre circuitos integrados, soldaduras y diagramas, esta académica -en toda la extensión de la palabra- ha formado generaciones de técnicos. Ya suma 45 años ininterrumpidos en la docencia dentro del mismo recinto, donde siente el ruido que la reconforta, las preguntas que la desafían y las sonrisas que la rejuvenecen.

Vive sola tras su viudez y la vida no le concedió la maternidad biológica; sin embargo, ha encontrado en cada promoción de alumnos los hijos que toda madre desearía. "Ellos son mi familia y la razón para que, también luego de jubilarme, continuara deseando seguir frente al aula".

Habla ella de que lo más valioso no es solo el conocimiento teórico que transmite, sino el vínculo perdurable que ha sabido cultivar. Muchos de aquellos muchachos -ahora profesionales, padres de familia y expertos- mantienen ese hilo conductor que ella tejió con esmero, llamándola, visitándola y recordándole que su semilla germinó dentro y fuera del país.

A mí pregunta de cuál es la clave de su permanencia, advierte: "Estar a la par de la edad de mis muchachos". Y eso significa que su pedagogía se sustente en la capacidad de sumergirse en el universo juvenil con un diálogo dinámico, donde el aula se convierte en un espacio de intercambio generacional.

Se disfruta escucharla cuando cuenta que con sus alumnos no solo habla de cables, redes, resistencias y aspectos propios de la especialidad, sino igualmente del tema de música más pegado, el nuevo pasillo que bailan los jóvenes, de su gusto por el repertorio de Juan Gabriel...

Pero también se detiene en la gran salida y valor de ese oficio en un mundo cada vez más digitalizado. "Cuando alguien, por ejemplo, comenta en el aula que un músico acaba de ganar un premio por su disco, o del concierto de algún exponente del género urbano, yo aprovecho para recordarles que detrás de eso está el técnico en electrónica, cuyo trabajo es tan vital como invisible".

Ahora que damos la bienvenida al curso escolar 2026-2027 en Cuba, imagino a la dedicada profesora ajustando sus materiales. Sirvan estas líneas para las tantas Lola que renacen cada septiembre, mientras contribuyen a que el país apueste por la formación técnica como pilar de su desarrollo.

YER

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