Cada 26 de septiembre se conmemora el Día Internacional del Bastón Verde, una fecha que no pasó inadvertida en Cuba desde la Asociación Nacional del Ciego (ANCI) para que la sociedad gane en comprensión acerca de esta herramienta de movilidad y emblema de autonomía.
Hay una realidad que muchas veces pasa desapercibida y es la baja visión. A nivel global la padecen millones personas, por eso cada 26 de septiembre se conmemora el Día Internacional del Bastón Verde, todo un símbolo que cobra protagonismo para recordarnos que hay quienes ven poco pero no dejan de ver y necesitan ser reconocidos, comprendidos y acompañados con respeto.
La fecha no ha pasado inadvertida para la Asociación Nacional del Ciego -ANCI- y a través de sus redes sociales y otros escenarios hace un llamado a que trabajemos por ganar conocimiento de que no es solo una herramienta de movilidad, si no una declaración de identidad, un emblema de autonomía y una lucha silenciosa en favor de una sociedad más inclusiva.
Para entender su importancia, primero hay que comprender qué significa vivir con baja visión. Se trata de una pérdida visual significativa que no puede corregirse con lentes comunes, medicamentos o cirugía. Hablamos de personas cuya agudeza visual es menor a 3/10 o cuyo campo visual se ha reducido a 20 grados. A diferencia de la ceguera total, conservan algún resto visual útil, pero enfrentan dificultades cotidianas que muchos damos por sentadas: leer un menú, reconocer un rostro, usar una pantalla o cruzar una calle.
Sus orígenes son diversos: desde patologías asociadas a la edad como cataratas, degeneración macular, retinopatía diabética, glaucoma o retinosis pigmentaria, hasta malformaciones congénitas, accidentes o enfermedades hereditarias que afectan a personas de todas las edades.
La historia del bastón verde tiene un origen profundamente humano. Fue creado en Argentina por la profesora uruguaya Perla Catherine Mayo, especialista en educación especial y baja visión. La idea surgió de una observación cotidiana: sus alumnas con baja visión eran discriminadas cuando usaban el bastón blanco, pues al conservar algún resto visual, quienes las rodeaban cuestionaban su necesidad de utilizarlo.
Para darles una identidad propia y un sentido de pertenencia, la profesora Mayo tomó un bastón blanco y lo pintó de verde con spray. Eligió este color por representar la esperanza y porque, como ella misma señaló, el bastón verde es un juego de palabras: "ver de nuevo".
La fecha del 26 de septiembre fue elegida en homenaje a su madre, Esther Merchan. En 1999, presentó su creación en el Congreso Mundial de Baja Visión celebrado en Nueva York, y posteriormente su uso fue adoptado por leyes en Argentina (Ley N° 25.682, sancionada en 2002) y Uruguay, extendiéndose ya a numerosos países de Latinoamérica como Chile, Nicaragua, Colombia, Paraguay, México, Ecuador, Bolivia, Costa Rica y Venezuela.
Cumple una doble función. Por un lado permite, al igual que el bastón blanco, detectar obstáculos, desniveles y cambios en el terreno; por otro, constituye un símbolo de identificación para que la sociedad reconozca que su portador tiene baja visión. Esto evita situaciones de discriminación o incomprensión, pues muchas personas con esta condición son juzgadas erróneamente cuando, por ejemplo, leen un menú en un restaurante o miran una vidriera. Esta identificación visual es crucial porque la baja visión es una condición poco conocida socialmente.
Vale mencionar varios consejos oportunos para cuando estemos frente a alguien con esta realidad.
Lo primero es preguntar si la persona necesita ayuda, sin asumir que la requiere; si declina la oferta, hay que respetar su decisión, porque la autonomía es un valor fundamental. Si acepta, conviene ofrecer el brazo flexionado del lado opuesto al bastón, sin tomarla del brazo ni del bastón, pues esto interfiere con su movilidad y seguridad.
Es importante avisar con anticipación sobre escalones, desniveles, giros y obstáculos, ya que la información verbal oportuna permite anticipar movimientos y desplazarse con mayor confianza. En la parada del transporte, resulta útil preguntar qué ruta espera y avisar cuando llegue. Al dar indicaciones, hay que ser claros y verbales, evitando términos vagos como "aquí" o "allá", y proporcionando referencias concretas y distancias aproximadas. Y nunca hay que tocar ni mover su bastón, porque es su herramienta de autonomía y seguridad; manipularlo sin permiso puede desorientarla y generar inseguridad.
Sirvan éstas líneas para cuando veamos a alguien con un bastón verde sepamos que necesita luz, contraste y tiempo, pero sobre todo respeto y un actuar con empatía.
