Cuba en el centro de la Semana Internacional de las Personas Sordas

Del 21 al 27 de septiembre la comunidad sorda mundial celebra su semana internacional con un llamado a declarar y cumplir los derechos humanos de ese segmento poblacional. 

Foto: Portal del ciudadano Gobierno de La Habana.

Cada semana internacional se convierte en un llamado en favor de la verdadera inclusión.


Por: Lissette Martín López 

Cuando se habla de la comunidad sorda, no se refiere a un grupo homogéneo, ni a una suma de diagnósticos médicos. Se habla de una minoría lingüística y cultural con historia, identidad y derechos. Por eso, la Semana Internacional de las Personas Sordas, del 21 al 27 de septiembre, se convierte en un llamado a continuar dando pasos en favor de una verdadera inclusión. 

Hoy el mundo se une para celebrar la identidad, la cultura y sobre todo los derechos de ese segmento poblacional con un tema central que convida y llama a la acción:  "Declaración de los Derechos Humanos de las Personas Sordas".

La celebración de este 2026 coincide con dos aniversarios históricos. Se cumplen veinte años de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, la CRPD, un tratado ratificado por 192 países que reconoce las lenguas de señas y la cultura sorda. Cuba es firmante y ratificante de esa convención, lo que refuerza el deber de alinear las políticas nacionales con sus principios.

También se conmemora el 75 aniversario de la Federación Mundial de Sordos, WFD, fundada en 1951. Durante tres cuartos de siglo, esta organización ha trabajado incansablemente por los derechos humanos de las personas sordas en todo el mundo, teniendo en cuenta que son parte de comunidades lingüísticas y culturales relevantes y que reconocerles sus derechos es proteger la diversidad humana.

En ese camino trabaja la Asociación Nacional de Sordos de Cuba (ANSOC), que durante décadas ha sido el principal espacio de organización y defensa de este segmento poblacional que sigue enfrentando desafíos como el hecho de que la Lengua de Señas Cubana (LSC), ya reconocida, se traduzca en acceso real, educación, salud, justicia y vida cotidiana. 

Foto: Tomada de Cubahora

En marzo de 2025, durante la clausura de la VI Asamblea General de la ANSOC, el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez calificó la legalización de la LSC como una nueva conquista alcanzada mediante un proceso participativo. El Decreto Ley 94 “De la Lengua de Señas Cubana”, publicado en la Gaceta Oficial, regula su uso y establece bases para su desarrollo social, con el respaldo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y de la propia ANSOC. Es un avance que debe valorarse, pero también es una plataforma desde la cual exigir más. 

Estamos obligados a mirar lo que falta. Una ley puede reconocer una lengua, pero no garantiza por sí sola que haya intérpretes suficientes en hospitales, escuelas, tribunales o medios de comunicación. No asegura que la educación de las personas sordas sea bilingüe y bicultural, con la lengua de señas como lengua natural y el español como segunda lengua. No impide que la información pública siga llegando sin subtítulos o sin videointerpretación. La accesibilidad real no es un gesto de buena voluntad, sino una obligación. 

Para la comunidad sorda cubana, estos siete días constituyen una oportunidad más en favor de visibilizar sus logros y sus demandas, entre ellas la importancia de colocar en el espacio público la necesidad de una lengua compartida, el derecho a la identidad cultural y el reclamo de participación plena. 

En un país como Cuba, donde la Lengua de Señas Cubana ( LSC) forma parte del patrimonio cultural y de la experiencia cotidiana de miles de personas, ese reconocimiento busca traducirse en políticas sostenidas, en mayor formación de intérpretes, en novedosas investigaciones lingüísticas, así como elevar su  presencia en los medios. 

No olvidemos que para las personas sordas, la accesibilidad real pasa por garantizar el uso de su lengua natural en todos los ámbitos de la vida. De hecho, la WFD insiste en que las lenguas de señas no son ayudas técnicas ni recursos de emergencia, sino lenguas completas, con gramática, historia y cultura propias. 

Este año, la jornada también incluye acciones como la campaña Shine a Blue Light on Sign Languages, que ilumina edificios de azul para simbolizar la unidad en torno a las lenguas de señas; el Global Leaders Challenge, que convoca a líderes mundiales a pronunciarse por los derechos lingüísticos y el izado de la bandera global de las personas sordas. Son gestos simbólicos, pero necesarios si sirven para exigir medidas concretas. 

Concedamos a las personas con discapacidad auditiva una feliz semana, en tanto más útil en virtud de reconocerle sus derechos, propiciarles espacios más participativos y comprenderlas mejor porque  buscan hacerse sentir, a pesar del silencio.

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