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| Foto tomada del Portal de la Radio Cubana. |
Por: Redacción Digital
En este mes de agosto, la doble conmemoración —los 104 años de la radio en Cuba y el centenario del nacimiento de Fidel Castro Ruz— trae consigo una certeza que trasciende el tiempo: la relación del Comandante en Jefe con el medio no fue un mero uso instrumental, sino una alianza estratégica, forjada en la rebeldía y elevada a la categoría de pilar del proyecto revolucionario.
Mucho antes del triunfo de 1959, el joven abogado ya había comprendido el poder de las ondas. En la década de 1950, utilizaba emisoras como la COCO y la CMQ-Radio para exponer sus ideas y participar en la vida política del país. Fue testigo privilegiado del histórico discurso de Eduardo Chibás, El último aldabonazo, en 1951, una experiencia que probablemente selló en su conciencia la potencia de la radio como tribuna pública y catalizadora de conciencias.
Pero el hito definitivo, el que marcaría el rumbo de esa relación, ocurrió el 24 de febrero de 1958, cuando en el corazón de la Sierra Maestra nació Radio Rebelde. Concebida junto a Ernesto "Che" Guevara, la emisora fue mucho más que un medio de comunicación: se convirtió en la "principal arma política de la Revolución" y en un "instrumento de guerra" de primer orden.
Desde las montañas, Radio Rebelde se alzó como la voz de la verdad frente a la censura y la mentira de la dictadura batistiana. Sus transmisiones llevaban partes de guerra, desmentían las informaciones falsas y, sobre todo, llevaban esperanza a un pueblo que anhelaba la libertad.
Fidel comprendió que la radio era el vehículo perfecto para la guerra psicológica. Durante las batallas decisivas de Santo Domingo y El Jigüe, instaló altavoces para que el ejército enemigo escuchara las transmisiones de Radio Rebelde, convirtiendo himnos, exhortaciones a la rendición y mensajes de desmoralización en un arma tan efectiva como los fusiles.
El propio Fidel redactaba personalmente muchos de los comunicados que se difundían. Su primera intervención en la emisora, en abril de 1958, fue un bálsamo de moral tras el fracaso de la Huelga de Abril: "La Patria será libre o morirá hasta el último combatiente", sentenció con la firmeza que lo caracterizaría para siempre.
El primero de enero de 1959, la radio volvió a ser protagonista del devenir histórico. Fue a través de las ondas de Radio Rebelde que Fidel llamó a la Huelga General Revolucionaria y ordenó a las tropas no detener la ofensiva, asegurando así la consolidación de la victoria popular.
Su visión, sin embargo, no se limitó al momento táctico. Advirtió con claridad la necesidad de romper el bloqueo informativo internacional y, por ello, impulsó la creación de Radio Habana Cuba en 1961, la emisora internacional de la Revolución. "Llevar muy lejos las verdades de Cuba", proclamó en su discurso del 16 de abril, y desde entonces la voz de la isla viaja sin fronteras.
Pero Fidel no solo miró al pasado; proyectó el futuro de la radio cubana con una concepción orgánica y popular. En 1994, durante una visita a los estudios de Radio Rebelde, pronunció una frase que se convertiría en emblema y guía: "Hoy debemos ver toda la radio del país como una gran Radio Rebelde". Con esa sentencia, concebía a todas las emisoras como una red unida, al servicio del pueblo y comprometida con los desafíos de un momento que él mismo calificó como "más difícil y más meritoria que aquella batalla".
Su conexión con la radio también trascendió las fronteras de la Isla. Fidel participó en dos emisiones del programa venezolano Aló Presidente junto a Hugo Chávez, demostrando su fe en el poder del medio para la integración política regional. Y más allá de la estrategia, existía un vínculo personal, casi íntimo: en sus años de formación, escuchaba la radio para informarse; durante las zafras azucareras de los primeros años de la Revolución, le gustaba sintonizar Radio Reloj en las madrugadas para mantenerse al día, como un oyente más, atento al pulso de la realidad.
Al cumplirse un siglo de su natalicio, una conclusión se impone con claridad meridiana: la radio no fue un simple altavoz para Fidel Castro. Fue un arma, una trinchera, un vínculo indisoluble con el pueblo y un instrumento para la construcción de una nueva nación. Su legado perdura en la certeza de que, en las manos adecuadas, la voz que sale por las ondas puede ser un factor decisivo para cambiar la historia.
Tomado de: Portal de la Radio Cubana
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