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| Foto: JIT. |
Por: Redacción Digital
Es bien difícil, tanto como batear una recta a cien millas por horas, asumir que no lo veremos otra vez al frente de su equipo; tampoco con la batuta de la plantilla sub- 23 de Cuba en el venidero mundial, en Nicaragua.
No podemos conectarle a este endiablado envío, porque Dany Miranda no tenía nada que ver con la muerte. Sencillez y humildad, fueron sus herramientas para llenar de vida a la pelota.
Con ellas fue campeón olímpico en Atenas 2004, obtuvo la corona mundial sub-15, en Mazatlán 1994 y logró el título del orbe juvenil en 1996, en Sancti Spíritus. Además, alcanzó el centro del mundo en el certamen universitario de 2002, en Italia.
En 12 series nacionales compiló ofensivamente para 290, en una era en la que los montículos cubanos eran vanguardistas. Ante ellos cerró con porcentaje de embasado de 376 y slugging de 428, con 124 dobles, 36 triples, 88 jonrones y 542 carreras impulsadas.
Pero si era un bate temido, a la defensa fue casi impecable, al terminar con excepcional promedio de 994, en la custodia de varias posiciones. Incluso, lanzó un juego en las temporadas nacionales.
Fildeó para 1 000 (cero error) en la campaña 37, en la postemporada de la 44, en los play off de la 47 y en la cuarta Superliga.
Su modestia y serenidad a flor de piel lo hicieron respetado, y más que eso querido por sus compañeros de equipo. Esos atributos los llevó a la dirección, y sus jugadores se los devolvieron con unidad y lealtad a toda prueba.
Para ellos siempre tuvo elogios. Recuerdo que al frente del equipo Cuba sub-23, en el Panamericano clasificatorio al mundial de esa categoría, en Panamá, dijo: "Lo que hicieron rebasó todas mis expectativas; fue un éxito que partió de la unidad de ellos con el colectivo de dirección. Tengo que felicitarlos por la disciplina, y al grupo de profesores hay que hacerle un monumento por su sacrificio y su consagración".
Convirtió a cada conjunto que dirigió en una gran familia que le dieron, primero el pergamino de la III Liga Élite, y luego la clasificación mundialista con la sub-23, para hacer regresar a la nave cubana a ese nivel después de su última participación, en 2022.
En su puesto de timonel no se sentía, se alejaba de los focos de las cámaras. No se propuso ser líder desde el alto mando, y nos lo explicó antes de disputarle el banderín de la Liga Élite a Las Tunas.
"Los líderes están en el terreno, a nosotros nos toca guiarlos, porque el mentor no es el protagonista, aunque sea el máximo responsable. Mi jonrón es la victoria, pero ellos son los que la logran".
Dany fue el compañero del pelotero, del médico, del fisioterapeuta, de los entrenadores y de los periodistas. No se esforzaba para que lo vieran como jefe; sin embargo, todos lo vimos al mando, con autoridad y firmeza, sin imponerlas.
Se ganó el cariño a base de respeto al otro, y en una corta carrera como director nos mostró cómo hacerse de los galones que solo los jugadores son capaces de conceder a su manager.
Claro que será muy difícil no verlo otra vez, tranquilo y certero en la cueva de Tigres de Ciego de Ávila; respetando a la pelota y a los peloteros.
Su repentina despedida, con solo 47 años, es un lanzamiento difícil de batear. Pero estoy seguro que él, ni así, querría que sus peloteros se poncharan.
Tomado de JIT
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