Cuando se despide una bata blanca (+ Post)

Fotos tomadas del perfil de Facebook del Ministerio de Salud Pública de Cuba/Collage: Radio COCO.

Por: Mylenys Torres/Unidad Central de Cooperación Médica*

Hay despedidas que no caben en un aeropuerto.

Esta semana, en Jamaica, mientras se confirma el regreso a Cuba de la Brigada Médica Cubana, muchas miradas se humedecen en hospitales, policlínicos y comunidades donde durante años una presencia se volvió cotidiana: la de mujeres con bata blanca y acento cubano.

Son 190 mujeres dentro de una brigada que ha dejado una huella profunda en la salud del país. Médicas, enfermeras, especialistas y técnicas que aprendieron a nombrar pueblos jamaicanos como si fueran propios y a reconocer rostros que ya no eran solo pacientes, sino parte de una historia compartida.

Al frente de la brigada está la doctora Katia Ochoa, una mujer que sus colegas describen como exigente, rigurosa, pero también profundamente humana. Quienes trabajan a su lado saben que su liderazgo se mueve entre la disciplina que exige la medicina y la dulzura que solo nace del compromiso verdadero con la vida.

Durante años, nuestros cooperantes allí hicieron lo que mejor saben hacer los profesionales de la salud cubanos: estar donde hace falta. En consultas largas que no miraban el reloj, en quirófanos donde cada segundo importa, en comunidades donde la medicina también significa escuchar, acompañar y explicar.

Muchos estuvieron en primera línea durante emergencias, epidemias y desastres naturales. Cuando el huracán golpeó la isla, varios trabajaron durante más de 72 horas seguidas. No era heroísmo buscado: era simplemente su manera de entender la profesión.

Ahora regresan a casa. Lo hacen con la satisfacción del deber cumplido y con algo más difícil de empacar en una maleta: el cariño de un pueblo que hoy lamenta su partida.

Porque cuando una brigada médica cubana se marcha, no solo se van especialistas. Se despiden seres humanos que sostuvieron manos en momentos difíciles, que ayudaron a traer vidas al mundo, que devolvieron la vista, que enseñaron a prevenir enfermedades y que, sin proponérselo, terminaron formando parte de la memoria cotidiana de muchas familias.

Por eso, hoy en Jamaica hay lágrimas y también gratitud. Las batas blancas vuelven a casa. Pero su huella permanecerá siempre.

* Tomado de: Perfil de Facebook del Ministerio de Salud Pública de Cuba

YER

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