Cuando los valores van a la basura

Microvertedero en la calle 41 y 18, del municipio Playa. Foto: Lien Martí Rodríguez/Radio COCO.

Por: Lien Martí Rodríguez

En un país como el nuestro, donde cada centavo cuenta, el desperdicio de materias primas, más que un problema ambiental, es un reflejo de cómo los valores sociales y económicos terminan literalmente en la basura. 

La industria del reciclaje ha demostrado que los desechos pueden transformarse en recursos valiosos, pero la falta de cultura de reutilización y la escasa clasificación de residuos hacen que toneladas de materiales pierdan su utilidad y terminen en vertederos.

El panorama es claro: cerca del 70 por ciento (%) de los materiales reciclados en Cuba provienen de grandes industrias estatales, sobre todo chatarras ferrosas y no ferrosas. Sin embargo, lo que no se recupera representa pérdidas millonarias. 

En 2024, el Grupo Empresarial de Reciclaje logró exportaciones superiores a los 30 millones de dólares gracias al aprovechamiento de residuos, lo cual evidencia el potencial económico que se desperdicia cuando no se recicla. En 2025, Marilyn Ramos Polanco, vicepresidenta de Desarrollo del Grupo Empresarial de Reciclaje, subrayó que "los residuos generados en hogares y empresas constituyen una fuente segura de materia prima, pero gran parte de ellos aún no se aprovechan". 

El ejemplo de La Habana es especialmente ilustrativo. Cada día se botan miles de cajas de cartón en las calles de la capital, que al mezclarse con otros residuos, pierden su valor y terminan creando vertederos improvisados. 

El reciclaje no es solo una opción, sino una necesidad impostergable para la sostenibilidad del país. Foto: Lien Martí Rodríguez/Radio COCO.

Estudios locales estiman que más del 40% del cartón utilizado en comercios y servicios termina sin ser reciclado, lo que da toneladas mensuales. Si se recuperara y procesara adecuadamente, podría destinarse a la producción nacional de envases y embalajes, reduciendo importaciones y generando ahorros significativos. 

Para ponerlo en perspectiva: en el mercado internacional, una tonelada de cartón reciclado puede alcanzar entre 100 y 150 dólares. Eso significa que solo en La Habana se pierden potencialmente cientos de miles de dólares cada año por el simple hecho de no reutilizar este material.

El costo de no reciclar es triple: económico, porque se pierden ingresos vitales; ambiental, porque aumenta la contaminación y la presión sobre los ecosistemas, y social, porque se desaprovechan oportunidades de empleo y desarrollo. Cuando los valores —la responsabilidad, la conciencia social y el respeto por los recursos— se tiran junto con las materias primas, el país entero paga las consecuencias. No se trata solo de ecología, sino de entender que cada pedazo de metal, cada botella plástica y cada caja de cartón pueden convertirse en ahorro, bienestar y futuro. 

El reciclaje no es solo una opción, sino una necesidad impostergable para la sostenibilidad del país. Apostar por una cultura de aprovechamiento de los residuos significa apostar por un futuro más próspero y responsable para Cuba.

YER

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