| Fotos tomadas de los sitios web del periódico Adelante y Cubadebate/Collage: Radio COCO. |
Por: Cáliz Moré Leal
Soy afortunada, pues en tanto mujer procreo y gracias a ello abrazo fervientemente a los hijos de mis hijos. Soy afortunada, pues me acompaña el mismo sentimiento que inspiró a Mario Benedetti a escribir Hagamos un trato y porque, aunque corta, mi familia sigue siendo el sobretodo que arropa a los herederos de mamá y papá.
Todo ello me ayuda a sortear las amenazas y dificultades que como cubana de a pie vivo diariamente, pero también como cubana de a pie en ocasiones me pregunto ¿soy afortunada?
Cuando llegaron a la Patria los restos de los 57 cubanos víctimas del sabotaje a la aeronave CU-455 de Cubana de Aviación, uno de los más brutales actos de terrorismo ejecutados por personas al servicio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en contra de la Revolución cubana.
El crimen fue orquestado en la ciudad de Caracas (Venezuela) por los terroristas de origen cubano Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila y al cumplirse medio siglo de aquel abominable hecho en circunstancias totalmente distintas, regresan a su Patria los restos mortales de 32 combatientes que, durante el operativo militar llevado a cabo en la madrugada del pasado 3 de enero, culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro Moros y de su esposa, Cilia Flores.
Soy de esa generación a la que se le ha desgarrado profundamente el alma en dos ocasiones, el desconsuelo de madres, hijos, familiares de 89 cubanos con edades promedio de 30 años, entre ellos 24 integrantes del equipo nacional de esgrima, hoy con edad promedio de 44 años los combatientes caídos en el cumplimiento de misiones de colaboración y defensa institucional en Venezuela.
Hay otros hechos de terrorismo contra Cuba, y no son pocos, entre los primeros el ataque mercenario a Playa Girón, donde más del 53 por ciento de los héroes caídos tenía 25 o menos años.
Vivo en un país libre, pero para esa libertad, decía el poeta: "(…) Cuánto costó este cielo / Cuánto la tierra amada / Cuánto alzar la bandera / Que inmolarse los vio (…)".
Aunque me asisten razones para sentirme afortunada, lo que volví a vivir el jueves 15 de enero me duele muy adentro.
YER