| En medio de tantas dificultades, siempre queda un espacio para lo positivo. Foto tomada del sitio web del periódico La Vanguardia. |
Por: Lissette MartÃn López
Hay personas que merecen huirles. Me refiero a quienes siempre te cargan negativamente y se han convertido en pesimistas por costumbre.
Cuando las encuentras, llamas o escribes, sabes de antemano la respuesta.
¡Hola! ¿Cómo te va?
¿Cómo crees que me vaya? -dicen tajante- y es el pie forzado para darle entrada a una retrahila de bultos pesados, sufrimientos, sinrazones... ¿Todo está mal en su dÃa a dÃa; no tienen alicientes; acaso nunca experimentan nada bueno?
Pareciera que su existencia transita, año tras año, por un ciclo inamovible, y nada, absolutamente nada, pudiera mejorar. Por ello, cualquier propuesta o invitación a sacarles de su entorno, resultará infructuosa.
Son quienes alimentan su propio estancamiento y te lanzan frases que no invitan a seguir interactuando, pues solo intentan remarcar su completa renuncia a la posibilidad de ilusionarse, como si hubieran aceptado la resignación cual estilo de vida.
Y lo más contradictorio es que, entre esas mismas personas, están los que suelen escribir textos esperanzadores en las redes sociales. Publican frases motivadoras, reflexiones profundas y mensajes de superación que no aplican para su propio crecimiento, ni para su bienestar emocional.
Es como si construyeran una pantalla, cuando en realidad viven atrapados en una misma nube gris.
No se puede avanzar si uno mismo no se convence de que algo vale la pena. La vida ya es bastante dura como para que, además, nos pongamos obstáculos internos.
En medio de tantas dificultades, siempre queda un espacio para lo positivo. No hablo aquà de optimismo ingenuo, sino de ese pequeño gesto de abrir una ventana mental y permitir que entre un poco de aire nuevo.
Quizás el cambio no llegue de golpe, pero a veces un objetivo sencillo, una meta modesta, una ilusión mÃnima puede ser suficiente.
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