La Habana con los brazos de todos

El pueblo de la capital cubana en pos de la recuperación de la urbe tras el paso del huracán Ian. Foto: Cortesía del autor. 

Por: Abel Rosales Ginarte

Pasarán muchos años antes de que el olvido arrastre los días grises que hundieron a La Habana en los vientos terribles del huracán Ian. La madre naturaleza nos hace sentir vulnerables, especialmente a los cubanos entre el 30 de junio y el 30 de noviembre de cada año.

La temporada ciclónica desconoce la piedad. La capital cubana lo sabe. Recientemente cerramos los ojos buscando un poco de fe, pero Ian atravesó la occidental provincia de Pinar del Río y golpeó con fuerza a la ciudad.

Este periodo post pandemia, con una economía global que se tambalea, es para los cubanos una verdadera Odisea. Aunque los que nacimos en la Isla bella sabemos lo que significa renacer una y otra vez después de cada tormenta, la más reciente es una prueba a la fe y la voluntad.

No han faltado muestras de solidaridad entre vecinos cercanos en las cuadras, como tampoco hemos escapado de los que se aprovechan de las emergencias de los familiares más cercanos. Y digo eso, porque los abuelos siempre nos han enseñado que los vecinos son los familiares más cercanos.

Felizmente la solidaridad ha ido ganando, la que nace del vecindario y la que llega de otras provincias de la mayor de las Antillas. Avileños trabajadores del sector eléctrico de los municipios de Morón, Ciego de Ávila, Baraguá, Ciro Redondo, Bolivia y Chambas van conectando las redes de servicio eléctrico con profesionalidad infinita.

“Todo el personal -80 en total- contamos con experiencia en el resarcimiento de redes dañadas por ciclones”, dijo al periódico Tribuna de La Habana uno de los ejecutivos responsables de la brigada de la provincia de Ciego de Ávila.

Las máximas autoridades de la provincia han convocado a apoyarnos en las comunidades. En una etapa tan difícil toca mirarnos por dentro y analizar qué hemos aportado cada uno. ¿Usted está haciendo lo mejor que puede o simplemente se ha sentado a criticar sin piedad? La energía se trasmite, si usted piensa que todo es un desastre y no levanta la mano para ayudar entonces estamos perdidos.

Recuerdo la anécdota del anciano que al ver como la marea había arrastrado a millones de estrellas de mar hacia la orilla comenzó lentamente a lanzar una a una a las aguas. Un transeúnte se acercó y al darse cuenta de que no podría salvarlas a todas le dijo: “Señor no se esfuerce no va a tener tiempo de salvarlas a todas”. El anciano levantó la cabeza y echando al mar la estrella que tenía en la mano le respondió: “Pero ésta si se va a salvar”.

La Habana funciona mejor con los brazos de todos, con la buena energía de los que habitamos sus calles y la queremos con sus virtudes y sus defectos. Porque de eso se trata el amor. Ya lo dijo José Martí, el habanero universal: “Los hombres son como los astros, que unos dan luz de sí y otros brillan con la que reciben”.

YER

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