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La reciente
visita a Cuba de una amplia misión empresarial belga reveló una larga y rica
historia de colaboración bilateral, de la cual poco o nada se había publicado.
Geert Bourgeois, ministro presidente del Gobierno de Flandes, llegó a La Habana el
domingo 3 de abril, acompañado por la mayor misión comercial del Reino de
Bélgica que haya viajado a Cuba.
Vinieron
representantes de 26 empresas, y muchos más quedaron en Bruselas, impedidos de
viajar en esta oportunidad por razones logísticas. Pero hubo otra forma de
brindarles participación, pues funcionarios cubanos les explicaron allí el
contenido de la Ley 118 para la Inversión Extranjera, aprobada en marzo de 2014,
y las ventajas de invertir en la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM).
Por cierto,
dos firmas belgas figuran entre las 13 autorizadas para operar en Mariel:
BDC-Log, dedicada a la logística, y BDC-Tec, promotora de tecnologías de punta,
mientras la constructora Betoncentrale Van Den Braembussche tramita la
ubicación de una planta productora de cemento en dicha zona.
Bourgeois se
entrevistó en La Habana con Ricardo Cabrisas Ruiz, vicepresidente del Consejo
de Ministros, y ambos ratificaron el positivo estado de las relaciones
bilaterales, y el interés común en continuar desarrollándolas.
A ese
propósito debe contribuir el foro de negocios que se desarrolló en el Hotel
Meliá Habana, entre los empresarios belgas y sus homólogos cubanos, al igual
que la visita de la delegación a la ZEDM y a la Feria Internacional de la Construcción, Fecons 2016.
En el
contexto propiciado por la visita, Mónica Rojas, agregada cultural y de
cooperación de la embajada del Reino de Bélgica en Cuba, dio a conocer a la
prensa la amplia gama de acciones de cooperación bilateral, prácticamente
desconocidas.
Sobresalen
los programas interuniversitarios, que involucran a prácticamente todos los
centros cubanos de altos estudios, principalmente a las universidades de Oriente
y Central de Las Villas, con líneas de investigación e intercambio profesional,
de 10 o más años de duración e importantes presupuestos, que rondan el medio
millón de euros anuales.
“Hay también
una componente importante del fortalecimiento de las infraestructuras en esas
universidades —precisa Mónica—. Y el proyecto en Oriente tiene varios
subproyectos, en las áreas de Patrimonio, Biofarmacéutica, energía limpia,
procesamiento de imágenes biomédicas…”
Y el otro
proyecto, que coordina la Universidad Central de Las Villas, es muy
interesante, y consiste en crear una red informática entre cinco universidades
cubanas, con notable aumento de la conectividad y que prestará servicios a
todos y cada uno de los centros de enseñanza superior del país.
Se llama High
Performance Computer (HPC) y se trata de tres nodos con grandes capacidades de
cálculo que permitirán hacer muchas operaciones en poco tiempo.
Dichos
proyectos están alineados con prioridades del Ministerio de Educación Superior:
las de informatización y del dominio del idioma inglés.
Hay también
otros proyectos, llamados Iniciativas Sur o Iniciativas Puntuales, proyectos
regionales triangulares, entre Cuba y otro país del sur, con la colaboración
belga.
Y siguen
surgiendo nuevas formas de intercambio. Por ejemplo, el Consejo de
Universidades Francófonas (ARES), identificó y propuso un nuevo proyecto, ya en
fase de implementación, con participación de las universidades de Guantánamo y
de La Habana, coordinado por la Universidad de Lovaina (Bruselas).
Este se
refiere a la producción agroecológica del cacao y constituye la continuidad de
un estudio conjunto sobre esta planta con el fin de alcanzar la más alta
calidad en el chocolate cubano.
Además de la
cooperación académica, existe la colaboración entre actores no gubernamentales,
principalmente entre sindicatos de ambos países, con temas tan importantes como
el aumento de la capacidad de recuperación de las producciones agrícolas en
caso de desastres; para la mejor inserción en la comunidad de las familias que
tienen miembros con discapacidades, y otras.
Entre
Bélgica y Cuba también existe una variada cooperación cultural, de larga data,
que ha dado frutos como la restauración del inmueble y el funcionamiento de la
institución llamada Vitrina de Valonia,
en el Centro Histórico de La Habana, con diversos proyectos, como el reciente Laboratorio de creación de historietas
y un trabajo conjunto entre estudios de animación belgas y del Instituto cubano
del Arte y la Industria Cinematográfica (Icaic).
En el plano
social, se desarrolla un proyecto bilateral sobre la inserción social de la
comunidad.
Sorprende
que tan rica variada cooperación se haya desarrollado, y mantenga un ritmo
creciente, en el anonimato de la modestia, entre dos pueblos hermanados en la
historia de la solidaridad mutua, tan antigua como desconocida, y que merece
una investigación reveladora.
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