viernes, 14 de julio de 2017

Noqueada la deportividad en la Serie Mundial de Boxeo

Luego de haberse anunciado el inicio de la final de la VII Serie Mundial de Boxeo en la capital cubana, los organizadores decidieron de forma unilateral entregar la sede a Kazajstán. (Foto: Internet)
Luego de haberse anunciado el inicio de la final de la VII Serie Mundial de Boxeo en la capital cubana,
los organizadores decidieron de forma unilateral entregar la sede a Kazajstán. (Foto: Internet)
Autor: Víctor Joaquín Ortega

La injusticia se ha enseñoreado más aún en la Serie Mundial de Boxeo al manchar el cercano final: los dos carteles se escenificarán en territorio de Kazajstán. Adiós burdo a lo establecido. La deyección cae sobre los organizadores de la justa. Han castigado, sin causa alguna, a uno de los más destacados bastiones del pugilismo de todos los tiempos, y a una gran potencia deportiva actual, a pesar de ser el país 80 en cuanto a población y sufrir el bloqueo yanqui.


No podemos asombrarnos. Los monopolios estaban en pañales y a Pierre de Coubertin ya le había preocupado -“…el espíritu mercantilista que amenaza con invadir los círculos deportivos, al haberse desarrollado los deportes en el seno de una sociedad que amenaza con pudrirse hasta la médula a causa de la pasión por el dinero” (Conferencia en Atenas. 1894)


Quienes loaron los recientes cambios en el boxeo ¿amateur! y el surgir del torneo, tenían puestas vendas ante los ojos o quisieron ponérselas…Los hacedores nos lo implantaron para salvar la disciplina, sacudida por problemas financieros; por cierto, hubo apoyo mediático por doquier a dichos planteamientos. Principal objetivo de los señorones: llenar sus bolsillos de mayores ganancias.


No dudaron siquiera en realizar barbaridades: quitar la cabecera, aumentar los rounds, menor cuidado de los protagonistas: los mercenarios disfrazados de refuerzos -que en bastantes ocasiones no tienen la preparación ni el físico adecuados-, venidos ante todo en busca de los pesos y, también, en la práctica se ha visto no parar la pelea hasta cuando quien lleva la peor parte nada tiene que hacer ya entre las cuerdas.


Los sueños, pesadillas en verdad, son peores; muchos más capítulos: hacia largas novelas de posibilidad trágica- ya se celebran lides de este tipo-: el uso de guantes más pequeños con el objetivo de dañar “sabroso…” En fin, la sangre, que crezcan los nocaos, superior salvajismo sobre el ring para despertar la fiera que los seres humanos llevan adentro. Todo en búsqueda de más plata y para enajenar, desviar a los contendientes y aficionados, estos convertidos en fanáticos: hasta abundan en los graderíos gritos de ¡mátalo, mátalo…! ¡Acaba ya con él…!, donde ya no se oían. Muchas de estas lastimaduras ocupan espacio en concursos nacionales.


Transformaciones y ambiente que han llegado al olimpismo, infestado de tanto negocio desde hace mucho tiempo: ya permite la actuación de los tira golpes profesionales. Otras están en una lista de espera pequeña. Nadie se extrañe: el ámbito aficionado- el semipro vibrando en él- se semeja cada vez más a ese crimen legalizado de la disciplina del jab y el upper cuando los esquivas y puñetazos son pagados.


Anuncio exageradísimo


La llamada Serie Mundial, sin ser el mejor boxeo del mundo, como exageran al anunciarla, hiere desde la presentación de los rivales en las conferencias de prensa: ridiculez y agresividad innecesarias con las poses (calco del profesionalismo), y los anunciadores sobre el cuadrilátero imitando a los de un circo barriotero; acá, bien distinto con la profesionalidad y la elegancia mostradas por Evián Guerra. Tampoco caímos en el “femenicidio”; muchachas ligeras de ropa allá arriba para informar el episodio.


No me desconciertan estas heridas. El rescatador de la magna cita lo advirtió en su discurso de dimisión al Comité Olímpico Internacional (1925): “…el organizador del espectáculo tiende a corromper al atleta para mejor satisfacer al espectador…:” Satisfacción entretejida con lo peor que intenta emerger de las personas: lo despierta, lo alimenta. En su retozo con el olimpismo, en la mencionada justa, con tanto de semipro, están situados cupos para los más importantes certámenes, amén de ofrecer un fogueo indispensable y otros beneficios. Estamos obligados a asistir.


El planeta ha sido lacerado por demasiada suciedad no solo en las contiendas del músculo. No podemos encerrarnos en una torre. A esta y otras competencias de diversos sectores no podemos dar la espalda. Ah, estamos obligados a entrenar muy bien en las cosas del alma a los participantes: hay tantos virus en dichos terrenos. Recorrerlos sin antivirus es un suicidio.

Ha ocurrido lo lógico. Injustas decisiones como estas vienen de un sendero repleto de podredumbre. Cuba no es un pantano donde los mercaderes mandan. Los comerciantes prefieren lugares donde el negocio lidera: sponsor, anunciantes, sobornos…

A nuestros boxeadores, todos cubanos- no nos hacen falta “refuerzos”-, actuarán en la fase decisiva con la dignidad y la calidad de siempre. No va a ser fácil derrotarlos pese a la innegable fortaleza contraria, vigorizada por ser sede del programa mediante un golpe bajo. Por experiencias sabemos de “las ayuditas” obtenidas por albergar competencias u otros favoritismos, especialmente las del cuadrilátero. Nos han costado medallas.


Que lo sepan quienes negocian con los músculos: Cuba mantendrá el amor en el poder, nuestro deporte será eternamente un derecho del pueblo, como la salud y la educación, y los maculadores nunca se adueñarán aquí de la rama. De acuerdo al momento histórico sabremos andar con los pies firmes sobre la tierra, sin enfangarnos, las alas entrenadas para cuando el vuelo sea posible.

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