viernes, 14 de julio de 2017

La innovación de la economía

Centro científico de Cuba. Foto: Javier Acosta Elejalde
Centro científico de Cuba. Foto: Javier Acosta Elejalde
Autor: Javier Acosta Elejalde
Como parte del legado del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, están los centros dedicados a la investigación científica, nacidos por su convicción que el futuro tendría que ser, necesariamente, de hombres de ciencia.


Pero cuando se habla de innovación viene a la mente de muchos los fórum de ciencia y técnica de los centros laborales, en los cuales alguien resolvió el arreglo de una pieza en falta o de difícil adquisición que quizás tuviera que ser comprada en el extranjero a precio de oro.

Es cierto que la existencia del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos por muchísimos años nos ha limitado a la solución de pequeñas cosas tan importantes como las grandes, pero quedarnos en esa área de acción solo nos dejaría atrás condenados a ser dependientes de quienes avanzan y visualizan continuamente un horizonte de cambios.

Sin embargo, la que necesitamos y en la cual es fundamental invertir es aquella que conociendo la existencia de la escalera no busca remediar el escalón, sino crear el elevador e ir luego más allá de las fronteras de lo conocido y eso solo puede hacerlo un personal capacitado.

Por supuesto, digo esto sin despreciar la tuerca o a quien las hace; si tan importantes son los puentes y los ingenieros que los conciben también lo son los tornillos y obreros que lo edifican.
Una de las mayores amenazas de tener tuercas pero no puentes radica en la migración de los hombres de ciencia hacia actividades de menor calificación y mejor remuneradas, debido a las necesidades económicas recrudecidas a partir del cambio social en nuestro país causado por la abrupta desintegración del campo socialista europeo y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que puso de cabeza nuestra pirámide social.

Cualquiera detrás de un volante haciendo la función de taxista privado, como vendedor de productos del agro, o sirviendo mesas en un hotel, cafetería o restaurante particular, obtiene semanal o de manera mensual, sin romperse la cabeza, hasta 10 veces el salario de un profesional cuyo trabajo dejó de ser fuente de prosperidad y bienestar.

Es el mismo problema de los países tercer mundistas frente a los poderosos, quienes se ocupan de robar cerebros, lo único que en nuestro caso nos arriesgamos a perderlos por no revertir la pirámide a su lugar. Y creo en la certeza de la visión del Comandante en Jefe que el porvenir será de hombres de ciencia, pero ¿contaremos con ellos en ese futuro?

El Estado promueve el desarrollo y acceso a la ciencia, la tecnología y la innovación y su gestión integrada que desempeñan un papel decisivo en cada una de las esferas del desarrollo económico y social de la nación; por lo tanto tiene, además, el deber –como solución a la pregunta anterior– de condicionar desde las relaciones de producción la distribución de las riquezas acorde a los cambios y los tiempos.

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