Razones que engrandecen nuestra obra


Foto: Gisela Rodríguez Salgado

Autora: Gisela Rodríguez Salgado

A los 13 años de edad Julio Alberto Urbera perdió la visión a causa de un desprendimiento de la retina en sus dos ojos, en ese momento sintió que sus sueños y expectativas en la vida habían terminado.


Lograr insertarse a la sociedad a través de la propuesta de trabajo que le ofrece el Taller Especial de Discapacitados Antonio Maceo, en el municipio habanero del Cotorro, fue la oportunidad que esperaba para poder demostrar  de cuántas habilidades e inteligencia pueden estar dotadas personas que, como él, enfrentan limitaciones físicas y motoras.

Este joven, que hoy tiene 23 años de edad, se siente pleno y útil cada vez que llega al taller; agradece la voluntad del Estado cubano de no dejar desamparado a nadie, así como reconoce el gran esfuerzo, que en el orden económico se hace para insertar a quienes pertenecen a las asociaciones de Ciegos y Débiles Visuales, Limitados Físico y Motores y las de Sordos e Hipoacúsicos.

El orgullo de apoyar una obra tan humana

Para Raiza Pérez Concepción, quien dirige este centro que pertenece a las industrias locales y es vanguardia nacional por 11 años consecutivos, valores muy humanos que solo se materializan en un proyecto social como este, dan la oportunidad a personas con discapacidad de tener un espacio que les permita trabajar sin ser excluidos y donde reine el amor y la esperanza.

Sus trabajadores especiales, como ella los llama, realizan producciones a partir del papel, el cartón y la recortería textil, dígase cajitas bufé, paquetes de hojas y confecciones para los mercados industriales y artesanales de la ciudad.

Solo el amor engendra la maravilla

En un centro como este igualmente nace el amor de pareja, no hay limitaciones que impidan que sentimientos y atracción se unan para, con tan solo, un abrazo, sonrisa o el apoyo cotidiano demuestren que pueden llegar a algo más que la amistad.

De esa manera piensan los jóvenes Kenia Méndez y Lázaro Matienzo, a quienes la vida les dio la oportunidad de conocerse y desde hace 11 meses decidieron juntarse.

Además de sentirse como en familia, porque las condiciones están creadas para ello, aquellos que forman parte del colectivo del Taller Especial de Discapacitados Antonio Maceo del Cotorro se someten, como parte de la atención al hombre, a un chequeo anual para diagnosticar su estado de salud, participan en propuestas de la biblioteca municipal y la dirección de Deportes.

En La Habana funcionan 20 talleres especiales para discapacitados de las industrias locales, donde trabajan unas 350 personas con estas limitaciones y las expectativas se dirigen a que, cada vez más, se incorporen aquellos que sientan ese interés social para continuar mostrando razones que engrandecen nuestra obra.

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