martes, 24 de mayo de 2016

Todo me es lícito, pero no todo me conviene

Efectos nocivos del tabaco en la piel. (Foto: www.esteticalink.com)
Autora: Caridad Labrada Curbelo

El tabaco mata a alrededor de un millón de personas por año en Latinoamérica, refiere el más reciente informe público de la Organización Panamericana de Salud (OPS), mientras nuevas regulaciones intentan poner freno a decisiones ciudadanas que provocan enfermedad y muerte.


Pareciera que no bastan los tiempos de tantos adelantos científico-tecnológicos y los medios de comunicación en su ejercicio sobre la mente de las personas para convencer, si bien es cierto que en múltiples ocasiones se distorsiona la realidad con alguna publicidad comercial, contradictoria al propósito de salud y por el bienestar de la familia humana.

Es necesario dedicar energía y espacio a informar acerca del avance de varios países de la región, entre estos Cuba, en la implementación de políticas públicas de control del tabaco, dirigidas a reducir el sufrimiento y las víctimas ocasionadas por el mal hábito, pero aún queda mucho camino por recorrer para reforzar la aplicación de otras que reduzcan el consumo, y salven vidas.

A una década de la entrada en vigor del Convenio Marco de la Organización Mundial de Salud (OMS) para el Control del Tabaco (CMCT), se requiere más acción de los gobiernos para revertir la epidemia del tabaquismo en las Américas, según el más reciente comunicado de prensa,  el que muestra el panorama actual de la epidemia de tabaquismo en los 35 Estados miembros de la OPS.

El reporte precisa que 16 países, que representan el 58 por ciento de la población del área geográfica, exigen advertencias gráficas visibles en los paquetes de tabaco que  informan sobre sus efectos dañinos.

Pero, además, apenas cinco países, donde habita el 27 por ciento de la población de las Américas, prohíben totalmente su publicidad, promoción y patrocinio, como una de las medidas extremas para reducir el inicio en el consumo, principalmente entre adolescentes y mujeres.

“Es imperativo y urgente proteger a todas las poblaciones de la epidemia de las enfermedades relacionadas con el tabaco mediante la aplicación plena de las medidas del Convenio Marco”, abogó la directora de la OPS/OMS, Carissa F. Etienne. “Solo si actuamos hoy, tendremos mañana una generación libre de tabaco y salvaremos millones de vidas”, subrayó.

La urgencia esgrimida por el CMCT proclama la alarmante secuencia estadística en América Latina, que informa sobre el alcance del mal, con el 14 por ciento de las muertes de los adultos de 30 años o más, mientras el fumador tiene el único factor de riesgo común a los principales grupos de enfermedades no trasmisibles: cardiovasculares, respiratorias crónicas, el cáncer y la diabetes.

También esos padecimientos son responsables del 80 por ciento de las defunciones en la región, 35 por ciento de ellas prematuras (antes de los 70 años de edad).

Los lamentables efectos del tabaquismo representan un costo económico para los sistemas de salud de América Latina de alrededor de 33 mil millones de dólares, equivalente al 0,5 por ciento de su producto interno bruto (Pib) y, asombrosamente, la recaudación impositiva por la venta de cigarrillos no llega a cubrir ni siquiera la mitad de estos gastos, de acuerdo al documento.

Vivir el siglo XXI en la rapidez de un mundo lleno de complejidades por la acción imprudente que nace del pensamiento humano nos sorprende con esta pregunta: ¿Cómo convencer ante el peligro ciudadano latente de los efectos nocivos del tabaco?

De qué valen las estadísticas, la ciencia y el poder de la palabra esgrimida con sabiduría para llegar a los corazones desorientados? Luego de la persuasión sistemática, los esfuerzos de la comunidad científica y la legislación de las naciones, la respuesta más sencilla quizás esté dada en una frase proverbial antiquísima, pero aún vigente: “Todo me es lícito, pero no todo me conviene”.

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