miércoles, 6 de abril de 2016

Salud pública y comunidad dándose la mano en Cuba


Foto: Cubadebate
Autora: Caridad Labrada Curbelo

La atención primaria de salud en Cuba se consolida como una fortaleza del sistema social que defiende la gratuidad de servicios asegurados mediante una estrategia de proyección comunitaria.


Por ejemplo, durante el pasado año se ofrecieron más de 70 millones de consultas médicas, con lo cual fue superado en ocho millones el número de pacientes atendidos por medicina general integral, a través de visitas en los territorios (llamadas de terreno) y más de 85 mil ingresos en el hogar, de acuerdo a un informe de la cartera sanitaria en la mayor isla del Caribe.

Es así que continúa el esfuerzo gubernamental por incrementar la medicina preventiva y el control higiénico y epidemiológico, así como de las enfermedades infecto-contagiosas y de aquellas clasificadas por diferentes causas y fisiopatología, a fin de disminuir en casi un millón 600 mil las consultas médicas en hospitales.

Precisamente el logro de la medicina cubana en las últimas décadas consiste en hacer más efectiva la proyección comunitaria de las 20 especialidades fundamentales, para lo cual se prioriza a las embarazadas, niños y ancianos, sin descuidar la atención hospitalaria, optimizada profesionalmente en cirugías de alto rigor como el trasplante de órganos vitales y el uso de moderna tecnología.

Las cifras hablan por sí solas de lo logrado desde el triunfo revolucionario de enero de 1959 hasta la fecha, pero también los comentarios añaden más sobre lo que todavía es imprescindible hacer respecto a la educación de valores en las actuales generaciones de acción médica y paramédica de la nación antillana.

No basta con una sonrisa o una excusa balbuceada para callar la inconformidad ante un servicio negligente y de efecto desconcertante en las personas que a menudo acuden a las instituciones asistenciales.

En reiteradas ocasiones el poco esfuerzo aleja de la percepción real que vincula al personal médico con el paciente en la valoración de cada problema, sin calcular las consecuencias provocadas por posponer la atención que no llega y muchas veces causa lamentables resultados.

Según los lineamientos del Partido y la Revolución, aprobados en abril de 2011, la salud debe elevar la calidad del servicio que brinda, lograr la satisfacción de la población, así como el mejoramiento de las condiciones de trabajo y la atención a ese personal que, por cierto, en los últimos tiempos es estimulado moral y salarialmente.

Poner empeño en optimizar los recursos, el ahorro y eliminación de gastos innecesarios, a partir de una mayor conciencia profesional, forma parte también de la gran batalla que se libra hoy en Cuba, donde el propio titular del Ministerio de Salud Pública (Minsap), doctor Roberto Morales Ojeda, ponderó recientemente el proceso inversionista dirigido a mejorar el estado constructivo y de equipamiento en centros y áreas de asistencia, investigación y docencia en La Habana.

El también miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba informó que en un año se han beneficiado con reparación y mantenimiento tres mil 514 instituciones, incluidos 143 hospitales, 296 policlínicos, mil 983 consultorios del médico de la familia, 191 casas de abuelos, 128 hogares de ancianos y otros 773 centros.

Al cierre de 2015 se incrementó el coeficiente de disponibilidad técnica del equipamiento médico instalado en el país al 98,28 por ciento, disminuyendo las afectaciones de los servicios acorde con la política de regionalización y compactación establecida por el Minsap.

Cifras, recursos y aplicación de mejores políticas públicas que requieren además el entusiasmo ciudadano, satisfacción de la población, agradecimiento por lo logrado y la perseverancia humana para salvaguardar las conquistas de un sector clave en la economía de Cuba, donde la salud pública y la comunidad pueden darse la mano solidariamente.


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