sábado, 9 de abril de 2016

Mi homenaje a Amelia y a su incondicional cubanía


Amelia Peláez. Montaje: Radio COCO


Autora: María de los Ángeles Polo Vega

“Esparcir el amor por la belleza es mejorar a los hombres”
José Martí

Recordando estas palabras del Maestro hemos querido hoy rendir homenaje a Amelia Peláez, la musa inspiradora de la cerámica cubana, la artista que con absoluta propiedad ha sido llamada pionera del modernismo en Cuba.


Amelia Peláez del Casal, sobrina por línea materna del icónico poeta Julián del Casal, nació en Yaguajay, en el centro de la isla, el día 5 de enero de 1896 y murió en La Habana el 8 de abril de 1968, a la edad de 72 años, en esta ciudad que la acogió desde muy joven, que la formó como artista y donde vivió la mayor parte de su vida.

¡Cuántas cosas pudiéramos decir de Amelia Peláez!, de su paso por la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, donde fue alumna entrañable del maestro Leopoldo Romañach y que, después de graduada viajó por Europa y Norteamérica para ponerse en contacto con las vanguardias artísticas de su época, y vivió en París y en Nueva York y conoció y fue amiga de Picasso y de Matisse pero que prefirió regresar a La Habana para desde aquí, desde su casona colonial de La Víbora continuar soñando, creando y regalándonos en sus lienzos y sus cerámicas todo el color y la belleza del trópico.

Amelia con sus propias manos moldeaba la arcilla, la pintaba, la horneaba, la pulía y con ella lograba piezas excepcionales.

Quizás una de las más conocidas sea el mural colocado a la entrada del Hotel Habana Libre en el que reina el azul de nuestro cielo, la intensidad de nuestro mar, pero también están sus pinturas de interiores, sus vitrales, como signos distintivos de la arquitectura cubana, los bodegones, las naturalezas muertas.

La figura de la mujer, obras todas de fuerte colorido y un marcado trazo que con orgullo exhiben la luz e intensidad del Caribe.

Razones todas que hacen inconfundibles sus lienzos, sobre todo por la cubanía que de ellos emana.

Para felicidad de todos los que la amamos ahí está su legado, esa obra inmensa que podemos disfrutar si paseamos por la Rampa capitalina, visitamos el edificio de Arte Cubano del Museo Nacional de Bellas Artes y, porque no, en las reproducciones que por estos días la Feria Arte para Mamá sacará a la venta, como algo ya tradicional para este tipo de eventos.

Una obra colosal cuyo disfrute redime y provoca los más nobles y hermosos sentimientos porque alimenta las almas y las hace sonreír.

Gracias Amelia por tus pinceles, por tu inteligencia y por la manera tan cubana de cultivar la belleza.

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