sábado, 23 de abril de 2016

La Serie Provincial capitalina: una competencia sumergida en errores

Autor: Yirsandy Rodríguez Hernández

Hace apenas horas terminé la cobertura de la 55 edición de la Serie Nacional de Béisbol, por lo tanto se imponía al menos una semana de descanso, pero para mí es bien difícil alejarme por mucho tiempo de la pelota. Así que, me fui a ver como marchaba la 56 Serie Provincial de Béisbol, en su sede principal el Estadio Santiago “Changa” Mederos.


No me podía dar el lujo de dejar ni apenas un día de tregua porque podría correr el riesgo de perderme las acciones que tradicionalmente he seguido. Pues, el calendario de la pelota regional este año está tan corto, que solo se jugará una vuelta –ya rebasaron la mitad—, igual a 14 partidos y se acabó. ¡En serio! ¡Y se acabó!

Igual que siempre, arribé temprano al parque de pelota, como mismo solía hacer en mis años dedicados a la anotación oficial de los torneos domésticos capitalinos. Jugaban Centro Habana y Arroyo Naranjo, ambos rodeados en el diamante por la carencia de jugadores de experiencia –dígase de la Serie Nacional—, notable diferencia que un año tras otro va tomando más tendencia.

El play ball se escuchaba a toda voz por las deshabitadas gradas del estadio –en donde conté solo 12 personas a las 10:05 de la mañana. Mientras, el juego se paraba por falta de pelotas –había muy pocas disponibles; siempre 6 o menos— desde el inicio tras varios batazos de foul, una y otra vez. Para impartir justicia había solo dos hombres de negro, precisamente la mitad de los que se necesita para decir saber que estamos en presencia de un juego serio.

Aunque, en honor a la verdad, reconozco que con lo poco que se le paga a un árbitro –con una tarifa de 1971— es difícil que usted y yo podamos ver a cuatro de ellos en un juego durante el presente certamen. Sería solo en la final. ¿Qué final? Verdad, este año no habrá. Rectifico. Eso sería, quizás, en los últimos compases.

Mi primera impresión, que categoricé de inusual –yo diría: ¡inusualísima!—, la vieron mis ojos en la parte baja del cuarto inning. Había corredor en primera, y el serpentinero de Arroyo, Adrían Taboada, lanzó un ‘wild pitch’ con hombre en primera, y la pelota se le perdió al receptor Sergio Galdurralde. Ni corto, ni perezoso (el noveno bate) Lázaro Taylor, quien estaba en primera por pasaporte le dio la vuelta al cuadro como si hubiera sacado la bola del parque; se deslizó a última hora en home, pero si entraba de pie era quieto fácilmente.

Jamás hubo asistencia del lanzador en el home. Y el cátcher fue a buscar la pelota con el más mínimo deseo o anticipación a darse cuenta de que podían llegarle –a lo sumo— a tercera base.

Lo peor de todo es que la tónica en estos juegos provinciales ha sido así, muchos errores tanto físicos como tácticos, que han sumergido el torneo en un paraíso de pifias.

En el juego hubo un total de siete imprecisiones por ambos elencos, 5 por Arroyo Naranjo y 2 por Centro Habana. Y si les soy sincero, entre mis colegas Juan Carlos Díaz, el Anotador Oficial, y el destacado narrador de la Radio Coco Andy Vargas, contamos más de 20 marfiladas de los protagonistas, aunque como les dije, solo siete fueron justas para trascender en las hojas de anotaciones.

Quizás usted creerá que exageramos, pero no es así. En el béisbol a veces se nos escapan una buena cantidad de acciones tácticas, que en ocasiones se ejecutan mal, aunque a veces, luego, el resultado de un turno al bate es diferente y por eso “el aficionado” no se percata de ese detalle.

Para su conocimiento, esta prueba ni se acercó apenas a la mayor cantidad de pecados en el campeonato actual. Ya que el día 12 de abril, también jugándose en los terrenos del “Changa”, hubo una jornada indeseable en pifias. Imagínense que, los conjuntos de la Lisa y Regla emularon en un enfrentamiento a base de deslices, con 7 y 8 errores respectivamente.

Realizando un análisis a fondo gracias al colega Reinier Lugones (otro detallista de los numeritos), desempolvando algunos archivos encontramos que, este año el récord de errores en los primeros 15 compromisos ascendió a 79, la mayor marca para comenzar un campeonato en la historia. De igual manera, suman 20 más que los 59 del mismo lapso de juegos en la provincial-2015, aunque en 2014 el saldo fue de 61.

Fíjense si la fachada defensiva ha bajado, que de solo tomar 4 años atrás el arranque de campaña en donde se cometieron 37 errores (también en los primeros 15 pleitos), comparándolo con los 79 de este certamen, constituye una marca totalmente superior. De 2.46 en 2012 a 5.27 en 2016, el contraste es abismal.

Por otro lado, aproveché la cobertura que me daba estar cerca de las direcciones de los equipos, y conversé con el hombre récord de la pelota cubana, Enrique Díaz, quien está desempeñándose como instructor de los jugadores de cuadro en el multi-laureado equipo de Centro Habana, que dirige José Luis Bos.

—Enrique: ¿A qué aspecto achacas que se cometan tantas imprecisiones?

Bueno, (sonríe), la pregunta es amplia de contestar, pero hay algo que pienso está presente en cada una de las pifias, y es la falta de concentración. Nuestros jugadores no se anticipan a lo que tienen que hacer en el terreno de juego, y desde ahí se derivan esta serie de errores, que todos suelen ser costosos.

_ Desde hace años –ya perdí la cuenta— Centro Habana es uno de los planteles que más problemas corre para entrenar, y sin hablar de implementos –que es una crisis actual y latente— su principal laguna ha sido el terreno para entrenar. ¿Cómo es que han podido lograr entre todos limar esas dificultades?
Con el trabajo y la dedicación. Aquí ha estado José Luis Bos al frente del grupo por más de una década, y junto a varios entrenadores que han pasado por aquí hemos desempeñado un trabajo fuerte con los muchachos. Siempre hay algunos más virtuosos que otros, pero el éxito pienso que ha estado en que los peloteros han respetado la tradición ganadora nuestra, y se han entregado incluso por encima de las dificultades.

Para no ser menos, mientras conversábamos Enriquito y yo, 10 de Octubre y Guanabacoa inauguraban la casilla indeseada de la “E” en la pizarra, la cual todos conocen qué significa en el C-H-E. Y al final, me fui con otra reseña curiosa y netamente negativa en mi agenda de sucesos inusuales: por primera vez, vi a un infield desacertar; así sucedía con los jugadores de cuadro del municipio más poblado de la capital.

Fueron cuatro errores de todos los defensores. En la inicial uno de Pedro Bombus. Alrededor del segundo cojín lo hicieron (el camarero) Osniel Salazar y (el parador en corto) Alexis Navarro. En la antesala, Jorge Valdés. ¡Pero hay más! En el bosque derecho pifió en una oportunidad Carlos Tejera y en el central Kevin Manresa.

Al ritmo de la merma defensiva, también han subido los numeritos en el largometraje, con 18 cuadrangulares más que el año pasado. Quédese en el círculo de espera, que próximamente le escribiré sobre los otros aspectos (pitcheo y bateo) imprescindibles del juego.

Así concluía la nota oficial del encuentro, y si se me escapó alguno le pido mis disculpas adelantadas, pero sería algo normal errar en un torneo provincial que navega inmerso en errores hacia las venideras ediciones de la 56 Serie Nacional y el III Campeonato categoría Sub-23.



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