jueves, 3 de marzo de 2016

¡Tenga cuidado con la sal oculta!



Foto: Cortesía de la Autora

Autora: Ania González Rodríguez

Tal vez usted sea de las personas a las que les gusta comer como se dice acá “apuntadito de sal”, o por el contrario, esté entre los que ya concientizaron que la sal en demasía es mala para la salud.


Lo cierto es que existen normas a través de las cuales podemos saber cuan excesivo es el uso que hacemos de la sal. Lo recomendable es cinco gramos por día, según la Organización Mundial de la Salud, pero estudios sobre el tema arrojan que el consumo promedio todavía es entre dos y tres veces más alto que la cantidad recomendada.

Para los que ya van teniendo percepción del riesgo y se adecuan lo más posible a lo aconsejado, o para los que están por entrar en razones, creo sería saludable informarse de que organizaciones como World Action on Salt & Health (WASH) y Acción Latino-Americana de Sal y Salud (ALASS), junto a otras asociaciones civiles, se juntan a favor de una semana Mundial de sensibilización sobre la sal (del 29 de febrero hasta el próximo domingo 6 de marzo) que este año tiene como tema: ¡Tenga cuidado con la sal oculta!

Esa que no vemos y que está presente en muchos de los alimentos procesados, incluso en algunos que no necesariamente tienen un sabor salado, y que cada vez forman un componente más importante de la comida cotidiana como es el pan, las pizzas, los dulces, las galletas, sopas instantáneas y sazonadores, entre otros.

World Action on Salt & Health (WASH), organización que impulsa esta semana de concienciación,  comenzó hace ya 10 años a promover la reducción de la sal en las dietas de las personas en todo el mundo con el afán de mejorar la salud pública y ha contribuído a que la sal esté puesta en la agenda de salud en muchos países del mundo, con el esfuerzo de los gobiernos y el aporte, aún limitado, de la industria alimentaria.

Sin embargo, se necesita mucho de la responsabilidad individual para accionar más en este sentido, todas las personas tienen la responsabilidad de leer las etiquetas nutricionales y elegir los alimentos con menos sal, pero también corresponde a la industria alimentaria, los restaurantes y cafeterías, el proporcionar opciones más bajas en sal sin hacerlas más costosas.

Todos podemos hacer nuestra parte en este objetivo porque de no hacerlo corremos riesgos de sufrir daños como los que produce ese consumo excesivo y que son entre otros, que dificulta la función de los riñones, disminuye la filtración potenciando la hipertensión, es la principal causa del ictus (accidente cerebrovascular), propiciando las hemorragias cerebrales, causa insuficiencia cardiaca e infartos, empeora los síntomas del asma, favorece la obesidad y disminuye la cantidad de calcio.

Las que siguen son maneras sencillas de disminuir la ingesta de sal: sazonar con especias, hierbas aromáticas o limón, cocinar los alimentos al vapor, utilizar la sal marina, consumir con frecuencia alimentos frescos en lugar de alimentos precocinados, enjuagar con agua las conservas de legumbres y verduras antes de usarla, no agregar sal a los alimentos infantiles preparados.

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