lunes, 21 de marzo de 2016

Tampa Bay-Cuba: segundo asalto


Autor: Gabriel García Galano


Este martes Cuba se podrá ver uno de los más grandes momentos del año en materia de deportes para esta Isla, cuando el equipo de Grandes Ligas Tamba Bay Rays juegue ante un seleccionado nacional en el Latinoamericano.


La visita, anunciada meses antes, engrosará la fila que espera hacerse más larga y que iniciaron los Orioles de Baltimore allá por 1999, hace poco más de quince años; para convertirse quizás en el suceso definitivo que abra las puertas a otros equipos a viajar a Cuba.

Pero la situación de hoy es distinta a la de finales del siglo pasado. Hay otras realidades y cosas en juego, para bien y para mal.

1999: Bandada de Orioles en el Latino y contragolpe en Camden Yards

Como describiera ESPN, el 28 de marzo de 1999, Cuba se paralizó por completo. La selección nacional iba a enfrentar en un duelo histórico al primer equipo de Grandes Ligas que pisara nuestro suelo desde 1959.

En aquel entonces nuestro beisbol gozaba de una salud de hierro, con figuras que, a pesar de “lo amateur”, estaban a la altura de los mejores jugadores profesionales del mundo. José Estrada, Luis Ulacia u Omar Linares son solo algunos de los nombres de ese primer equipo, que contaba con otros como Pedro Luis Lazo, José Ibar, José Ariel Contreras y Ernesto Guevara Ramos.

En La Habana hubo un juego espléndido. Nueve entradas no fueron suficientes para romper el abrazo a dos anotaciones y hubo que esperar hasta el inning once para que Lazo cayera derrotado luego de permitir una carrera.

De ese día, además de la garra criolla y las decepciones de los más rancios detractores de la pelota cubana, que vieron como un equipo de MLB se imponía solo por ventaja mínima, también pasó a la historia por la foto de Fidel junto a Bud Selig y Peter Angelos, el dueño del club.

La vuelta se jugó el 3 de abril, en la casa de los Orioles, el Camden Yards. Allí Cuba tuvo la ventaja de que se incorporaron al equipo algunos jugadores que para el primer juego se hallaban descansando luego de concluir la 38 Serie Nacional cubana.

De esta forma viajaron a Estados Unidos hombres como Norge Luis Vera, Germán Mesa y Juan Padilla. Los de casa opusieron el mismo equipo, sin modificaciones notables. Andy Morales se vistió de héroe y con un cuadrangular de tres carreras batió la resistencia de unos Orioles que, si no hubieran permitido el racimo del noveno, solo hubieran perdido por una carrera, 7-6. Final: 12-6 para Cuba.

Fue interesante en ese entonces ver ganar a los de allá aquí y a los de aquí allá, dejando sensaciones encontradas y un sabor agridulce en los fanáticos locales en una y otra ciudad. Pero en aquel momento triunfó el beisbol, y el primer intento de construir algún tipo de vínculo entre las dos naciones, fue muy positivo. Pero luego hubo elecciones…cambio de gobierno…y todo el que pensó ilusionado en algo más, murió desengañado.

2016: Segundas partes de un tema


Para esta segunda tentativa, el elegido fue el Tampa Bay Rays. Un equipo joven, llegado a la Gran Carpa en 1998, representante en la Liga Americana de un embarcadero de solo trescientos mil habitantes.

Esto por supuesto no quiere decir que sean un equipo de segundones. En el poco tiempo que llevan en el espectáculo del béisbol estadounidense han logrado llegar en cuatro ocasiones a la post-temporada y una discusión de Serie Mundial, en 2008, perdida contra los Phillies de Filadelfia.

Con Evan Longoria como jugador más mediático, desembarcan en La Habana a punto de comenzar la temporada regular en Estados Unidos, luego de un spring training donde han ganado ocho juegos y perdido nueve.

Por otro lado, la situación de nuestro béisbol hoy dista mucho de la de 1999. Ya no hay Kindelanes ni Veras. No está Ulacia ni Videaux. Manrique, Germán y Padilla también quedaron atrás. Por eso es que las expectativas no son las mismas.

El estado de la opinión pública acerca de las posibilidades de los cubanos es de pronóstico muy reservado, para no decir de expectativas bajas o nulas. Según se comenta, no hay calidad suficiente para enfrentar a los visitantes.

No obstante, los resultados que podrían derivarse de este juego, más allá de una victoria o una derrota, son evaluados con mayores esperanzas. El viaje del equipo de la Florida a Cuba podría ayudar a acelerar los procesos de negociación entre Cuba y la MLB, para la inserción de nuestros jugadores en el circuito norteamericano.

Este detalle puede verse aún más beneficiado si finalmente los Washington Nationals cumplen con su idea de desarrollar un tope vs Cuba a ida y vuelta como lo hicieron los Orioles y si Cuba definitivamente logra organizar una Serie del Caribe. Pero esta vez se ven incluso más ventajas que años atrás.

Por lo pronto, preparémonos para un segundo asalto de la MLB a La Habana, con otra iniciativa dotada de maquinaria pesada, la guinda en el pastel para la “escaramuza” que significó el viaje de la comisión de la Major League Baseball a finales de 2015 a nuestro país. Y ojalá este segundo asalto habrá puertas a un tercero, y a un cuarto, y que este tipo de eventos que hermana pueblos y culturas, se convierta en una costumbre entre ambas naciones.


No hay comentarios:

Publicar un comentario