jueves, 17 de marzo de 2016

Mercenarios planean sabotear la visita de Obama



Diseño: Gilberto González García

Autor: Eduardo González García


A los disidentes internos, igual que a los grupos anticubanos en Miami, no les hace ninguna gracia el proceso hacia la normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, pues significa la probable extinción de su fuente de financiamiento y de presencia mediática.

De ahí que estén planteando exigencias al presidente norteamericano, Barack Obama, que saben él no podrá satisfacer en su viaje a Cuba, so pena de fracasar en su propósito de hacer historia con su cambio de táctica en las relaciones con este país.

El juego es presionar al presidente para ponerlo en el dilema de complacerlos, aunque sea en parte, y crear fricciones innecesarias en la visita o ignorarlos y ofrecer mejor blanco a la descalificación con el costo que esta puede tener para los demócratas en el proceso electoral.

Pero no les basta con eso a los apátridas de ambos lados del estrecho de La Florida, capaces de apelar a cualquier medio para ensombrecer la visita del mandatario a Cuba.

Por eso, no sorprende la denuncia de Raúl Capote, exagente de la Seguridad del Estado cubana que estuvo infiltrado en la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (Cia), quien informó que: “grupos de oposición financiados por EE.UU. buscan sabotear la estadía del presidente en La Habana”.

Precisa Capote, en su blog El adversario cubano, que estos grupos están preparando sabotajes para la llegada de Obama a Cuba, y en tal sentido, la desprestigiada cabecilla de la organización Damas de Blanco, Berta Soler: "ha ido a EE.UU. para reunirse con grupos de terroristas para planificar acciones en contra de la visita del mandatario".

El próximo domingo, cuando llegue Obama al Aeropuerto Internacional José Martí, de capital cubana, podrá comprobar lo que ya le han dicho, seguramente, sus asesores: los cubanos no odiamos a los norteamericanos y mucho menos a su único presidente que nos reconoce como interlocutores y nos trata civilizadamente.

Lo recibiremos con cordialidad y respeto, pese a que aun trata de cambiar nuestro sistema económico y social, y de que nos sigue acusando de violar derechos humanos.

Nadie le tirará huevos, ni le gritará insultos, ni quemará banderas a su paso por las calles de La Habana, como suele sucederles a todos los presidentes norteamericanos en casi cualquier país que visitan.

No creo que deba esperar, tampoco, una excesiva demostración de entusiasmo, porque muchos sabemos que no es el gran amigo de los cubanos y que su visita responde a intereses políticos y personales.

Y estoy seguro de que nuestras autoridades y nuestro pueblo, dueños de una cultura política y una ética probadas, impedirán cualquier sabotaje o provocación con la cual algunos pretendan ensombrecer la visita y entorpecer la marcha del proceso hacia la futura normalización de las relaciones entre vecinos tan cercanos.

Si ocurre algún incidente recibirá la merecida respuesta popular y enseguida comenzará a vociferar cierta prensa sobre “represión” ejercida por supuestos “agentes secretos” y la inexistente “policía política”; pero no importa, pues llevamos más de medio siglo bajo ese permanente ataque y, sin embargo aquí estamos, más acompañados que nunca por el resto del mundo, porque la verdad siempre logra abrirse paso.



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