jueves, 10 de marzo de 2016

A 64 años del golpe de Estado de Batista



Foto tomada del sitio digital de Radio Rebelde

Autor: Eduardo González García



Se cumplen 64 años de uno de los sucesos más ignominiosos de nuestra historia: el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, mediante el cual el general Fulgencio Batista, con la anuencia y agrado de las autoridades de los Estados Unidos, derrocó al gobierno burgués de Carlos Prío Socarrás e inauguró una sangrienta tiranía.


El propósito fue impedir que triunfara un amplio movimiento democrático popular que había alcanzado un gran auge, a pesar de la muerte el año anterior, de Eduardo Chibás, líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo).

Tan solo 14 días después del zarpazo, el joven abogado Fidel Castro Ruz, desde su bufete de la habanera calle Tejadillo 57, tuvo el valor y la audacia de presentar un recurso al Tribunal de Urgencia contra el golpe de Estado.

En el documento, ejemplo de dignidad y patriotismo, Fidel expresaba: "Acudo a la lógica, palpo la terrible realidad y la lógica dice que, si existen tribunales, Batista debe ser castigado".

Ante la imposibilidad de revertir el cuartelazo por medios jurídicos, Fidel encabezó una amplia vanguardia de la juventud cubana, protagonista de la lucha popular y el alzamiento armado contra la tiranía.

Washington respaldó a la dictadura de Batista, le brindó amplia asistencia militar y le suministró las armas con las cuales fueron asesinados más de 20 mil cubanos.

Entre ellos, la joven operadora de la Compañía de Teléfonos, Aleida Fernández Chardiet, quien transmitió por una emisora de radio una comprometedora conversación telefónica entre Batista y funcionarios de los Estados Unidos y, en represalia, fue asesinada por esbirros de la tiranía batistiana.

El asesinato de la muchacha, de solo 26 años, conmovió a la opinión pública y su féretro fue cubierto con la Bandera Nacional.

El apoyo popular a la Revolución se puso de manifiesto de muchas formas, por ejemplo, el 9 de abril de 1958, cuando la Huelga General Revolucionaria fue respaldada en todo el país, pese a la represión de la dictadura, que causó la muerte del revolucionario Marcelo Salado.

Las tropas de Batista, que contaban más de 10 mil soldados, sufrían derrota tras derrota, frente al Ejército Rebelde, infinitamente menor en número, mal armado y carente de recursos, pero respaldado por la inmensa mayoría del pueblo, del cual había nacido y cuyos anhelos representaba.

El 20 de julio de 1958, la clandestina Radio Rebelde transmitió el texto del Pacto de Caracas, firmado por Fidel Castro, en nombre del Movimiento 26 de Julio, y por los líderes de una amplia gama de otras fuerzas de oposición.

El documento llamaba a la insurrección popular armada y al cese del apoyo norteamericano a Batista.

Ya muy cerca del triunfo revolucionario, el 25 de octubre 1958, Fidel dio lectura a un comunicado, también a través de Radio Rebelde, en el cual alertaba sobre maniobras del gobierno de los Estados Unidos, en componenda con el tirano Batista, para frustrar la Revolución.

Tras la victoria del pueblo, Fulgencio Batista y otros connotados asesinos huyeron del país y muchos de ellos fueron acogidos, con beneplácito, en los Estados Unidos.

Desde allí han realizado, durante todos estos años, incontables agresiones contra Cuba, causantes de muchas muertes, mutilaciones, sufrimientos y penurias a nuestro pueblo, siempre con la complicidad y el respaldo financiero de Washington.

Por todo ello, ahora, cuando se abre un camino de distensión entre ambos países, los cubanos daremos respetuosa bienvenida al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, pero no renunciaremos a nuestros ideales de independencia y justicia social, ni claudicaremos en uno solo de nuestros principios, ni cederemos un milímetro en la defensa de la soberanía nacional.

Con nuestro esfuerzo y probada capacidad, persistiremos en la construcción de un socialismo próspero y sostenible, nuestro camino soberanamente escogido y que seguramente será ratificado en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba.

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